Sueños y compromisos

   Sueño con un mundo mejor para mis hijos…

   Un mundo de naciones soberanas, que respondan adecuadamente a la globalización e interdependencia.

   Un mundo donde las potencias sepulten para siempre sus afanes imperiales y las naciones en desarrollo lo sean en verdad; que superen la ignorancia y corrupción, y optimicen al máximo todos sus recursos.

   Sueño con un país próspero; habitado por ciudadanos responsables y gobernado por líderes genuinos y honestos: comprometidos con el bienestar social.

   Donde haya para todos: trabajo y recreación; alimento y salud; vivienda y educación. Donde la riqueza esté mejor distribuída y los niveles de vida sean decorosos, aún para los trabajadores más humildes. Donde no haya pretexto ni lugar para el crimen, la mendicidad o la holganza.

   Sueño con ciudades ordenadas, limpias y seguras, habitables y transitables. Con calles, banquetas y andadores despejados; con zonas residenciales, comerciales e industriales perfectamente delimitadas; con suficientes áreas verdes y recreativas.

   Donde la autoridad gobierne y administre con eficacia, ajustándose a planes concretos que respondan a demandas de infraestructura y servicios de la población, de acuerdo con la escala de prioridades establecida por una mayoría calificada.

   Sueño con campos y mares racionalmente explotados, cuyos trabajadores no solamente generen el alimento de compatriotas y obtengan excedentes para exportar sino les permita una subsistencia decorosa y el arraigo a sus regiones.

   Donde exista pleno respeto por los ecosistemas, y el turismo sea fuente de recursos, sobre todo para pobladores originales y no solamente para la hotelería internacional.

   Sueño con un estado y sociedad justos; que respeten e impulsen la dignidad humana.

   Anhelo gobiernos y pueblos interactuantes; corresponsables en el devenir de nuestra nación.

   Donde cada componente social trabaje a favor de la superación del individuo y no sea causa o cómplice de su degradación.

   Sueño con instituciones fortalecidas en el servicio a mujeres y hombres que son su razón de ser; con poderes sustentados en la soberanía popular, que respondan puntual y preponderantemente a los intereses de la patria y no sólo a los particulares o partidistas.

   Anhelo cámaras y tribunales que formulen y apliquen leyes justas, que mantengan vigente un estado de derecho igualmente válido para todos los habitantes del país.

   Donde leyes y reglamentos no sean letra muerta ni existan privilegios para nadie, menos para quienes pretendan abusar del poder económico.

   Sueño con una educación de calidad; que destierre definitivamente la ignorancia, que capacite para trabajos altamente satisfactorios y que eleve significativamente el promedio académico de la población.

   Anhelo colegios y universidades con maestros que dominen plenamente sus materias y sepan transmitir sus conocimientos; con alumnos comprometidos con el aprendizaje -de ciencias y humanidades; de arte, deporte y tecnología- para el desarrollo integral del ser humano.

   Donde se ejerza el magisterio con el ejemplo y los maestros sean verdaderos revolucionarios: no de huelgas, marchas y plantones, sino del óptimo desarrollo de competencias en sus discípulos; profesores y catedráticos que entiendan, de una vez por todas, que nada hay más reaccionario que prestarse a mantener al pueblo sometido por el analfabetismo funcional.

   Sueño con medios de comunicación responsables; que se compometan con el servicio y la verdad; que se asuman como aulas globales, de las que egresen ciudadanos conscientes y libres.

   Anhelo una radio, prensa y televisión con empresarios y realizadores entendidos que la información no es una vil mercancía sino un instrumento para la liberación y la superación del individuo y la sociedad.

   Medios donde no se generen distractores sociales ni enajenación.

   Sueño con iglesias comprometidas con su fe y la fraternidad; que cumplan fielmente -y sobre todo- con la misión espiritual a la que se deben, pero sepan que son corresponsables en la conducción de seres delimitados por asuntos terrenales en los que prevalece la tentación de la inequidad.

   Donde la esperanza de la eternidad no sea aprovechada para someter y explotar; donde los ministros no estén al servicio de las cúpulas del poder sino promuevan y defiendan la dignidad divina que reside en cada persona.

   Sueño con un tiempo y espacio renovados, inspirados y regidos por una nueva moral.

   Donde haya profesionales éticos, técnicos responsables y comerciantes que cobren lo justo; con prestadores de servicios que vivan realmente una mística de atención y con una burocracia solícita.

   Sueño con ciudadanos e individuos que se aprecien y respeten a sí mismos; que cuiden su organismo e integridad, y se vean en sus semejantes como depositarios de la energía universal.

   Anhelo alternar con personas en permanente construcción, que me ayuden a crecer a mí también.

   Sueño con familias integradas y cohesionadas, que vivan en completa armonía.

   Donde cada miembro conozca y ejerza sus derechos, pero cumpla cabalmente sus deberes.

   Sueño, en suma, con la generación del nuevo hombre. Aquél que sea capaz de construir un mundo mejor para todos.

   >Sé que mis sueños y anhelos pueden ser realidad…

   Aunque mi generación ha fallado, creo firmemente en la grandeza y el potencial de mi especie porque estoy convencido de su origen divino.

   Estoy consciente que la degradación del mundo y el ser humano son notorias y parecen irreversibles, pero nunca como hoy las distintas culturas coinciden en el comienzo de una nueva era. Tenemos que impulsarla y aprovecharla.

   Para que mis sueños y anhelos cristalicen, debo trascender en cada uno de mis actos. De manera muy especial, debo practicar la paternidad participativa. Ese tiene que ser mi compromiso fundamental; el punto de partida.

   Nada podrá cambiar realmente mientras los padres permanezcamos conformes o indiferentes con todo aquello que afecta a quienes nos debemos: educación y seguridad, medio ambiente y nutrición, desarrollo y servicios públicos.

   Toca a los niños y jóvenes de hoy recuperar el rumbo y la salud del planeta, es cierto. Pero madres y padres de hoy tenemos que trazar la ruta e iniciar la brega.

   Para que mis hijos sean mejores seres humanos y contribuyan a construir ese mundo mejor que anhelo para ellos y su generación, debo sumar mi quehacer al de otros padres responsables que ya han asumido plenamente sus obligaciones.

   Por lo tanto, debo predicarles con el ejemplo. Tengo que buscar y alcanzar la excelencia en cada una de las esferas de la vida: como ciudadano y creyente, como empleado o emprendedor, como esposo y padre.

   Porque me importa sobremanera el mundo que legaré a mis hijos y a sus contemporáneos, estoy obligado a madurar y desempeñarme siempre con responsabilidad: evitar vicios y dependencias de cualquier tipo; cuidar mi alimentación de cuerpo y mente.

   Debo leer y ejercitarme; por lo menos, caminar. Tengo que eliminar de mi dieta las grasas y azúcares. Debo ser cada vez más selectivo y refinado en mis gustos; apreciar el arte verdadero, amar y procurar la cultura. Tengo que evitar los fanatismos de cualquier índole: ya partidistas, deportivos o religiosos.

   Debo informarme y participar en todos los órdenes que afectan el devenir de mi patria, donde se juega el futuro de quienes amo; tengo que cuidar el entorno y asumir un compromiso comunitario; debo servir y contribuir.

   Tengo que ser un ciudadano demandante pero respetuoso y cumplido; un creyente auténtico, practicante de la caridad suprema que es el darme yo mismo a los demás; no debo limitarme a satisfacer lo material y menos a brindar una simple limosna.

   Insisto: En la escuela y la comunidad, frente a los factores de mediatización y las instancias de poder, ¡tengo que ser un padre participativo, un receptor crítico, un ciudadano interactuante!

   Sólo si los hijos constatan en sus progenitores la trascendencia de la paternidad y se convencen por sí mismos de su nobleza, irán más lejos en la magna obra de la creación ¡y en la generación del nuevo hombre!

   Sólo así… mis sueños y anhelos serán realidad.

Joaquín Gutiérrez Niño

(NOTICIAS / Chiapas)

4 Responses to Sueños y compromisos

  1. greg hidalgo dice:

    Comparto tu ideario. No le he pusto ningun calificativo porque no le hace falta y porque percibo que lo tienes tan interiorizado y tan tuyo que no creo que te preocupen los calificativos. (greg).

  2. Flavio Cueto dice:

    Tus sueños son los mios y de muchisima gente. Son anhelos profundos que parecen utopias. Todos queremos un mundo nuevo, pero què dificil es construirlo. Bob Dylan decía en su cancion mas conocida: cuantas balas del cañon se escuchara para que finalmente calle? Cuantas veces tendra que gritar un hombre para que su voz se escuche? La respuesta amigo mio, esta en el viento.

  3. Javier Méndez dice:

    Estos sueños esperemos se hagan realidad, si no en nuestra generacion, en las venideras!!!

  4. JULIO ZAVALA DE LOS SANTOS dice:

    EL NUEVO HOMBRE DE MEXICO, TIENE QUE SALIR DE LAS ÁULAS, LA CÉLULA FAMILIAR APORTA MUY POCO, POR SU NIVEL DE INSTRUCCIÓN. LA ESCUELA ES LA LUZ DE LA ESPERANZA.
    Bien, Joaquín, un abrazo.

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