Alimento que fortalece

“Al instituir su memorial, Cristo hizo la mejor elección para quedarse entre nosotros: como comida”. La eucaristía, tema central. Homilía del padre José Medina en la celebración de sus Bodas de Oro Sacerdotales.

Tarde de vientecillo helado, precedida por días de lluvias atípicas.

Fin de junio en la Basílica de Guadalupe, donde el aire cruzado hace sentir aún más el “aire de agua”.

Medio siglo de la cantamisa del padre José Medina Montoya, el sacerdote del que he oído el mayor número de buenas homilías y a quien Cande y yo recibimos en la Plaza de las Américas cuando llega cargando una pesada mochila con tarjetas conmemorativas y libros que compendian sus mensajes.

Permanecerá poco más de una hora en el acceso central del templo mariano, donde recibe la felicitación de sus familiares llegados principalmente de Jalisco. También de los radicados en esta su natal Ciudad de México, de donde acuden representantes de los lugares donde ha ejercido su ministerio.

Siempre amable pero un tanto adusto, ahora, más de una década después de que coincidimos por Navidad, la colonia donde se asienta La Sagrada Familia, donde fue párroco y muchas veces le escuchamos, se le ve contento y hasta bromista; relajado.

A punto de cumplir sus ochenta de edad, el 20 de este julio, y de someterse a intervenciones de la vista, habla de feligreses que le enseñan a ser viejo.

En la víspera, en la solemnidad de Pedro y Pablo, la celebración de sus Bodas de Oro Sacerdotales, a la hora y en el lugar donde fue ordenado: un templo salesiano cercano a su domicilio de origen, en Santa Julia.

Ahora acude al cobijo de la Virgen. Mujer eucarística por excelencia, la ha llamado el papa, y al padre Medina agrada el concepto; la llama también correndentora.

Don José no podía dejar de aludir, en la homilía de celebración tan especial, al privilegio sacerdotal de la consagración. Y subraya el significado de la decisión de Jesús para quedarse entre nosotros como comida; el alimento que fortalece.

Medina Montoya obtuvo en Roma buena parte de su formación teológica. También pasó temporalmente por las aulas de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Fondo y forma para mensajes profundos pero claros, bien estructurados. Además, la ventaja de buena voz y buena dicción.

Cincuenta años de ministerio; varias encomiendas. Toda una vida gastándose en el servicio a la fe, aún ahora sin parroquia ni tarea específica.

Al término de la concelebración en el altar mayor de la Basílica, las felicitaciones atrás de la imagen de la morenita del Tepeyac. Poca concurrencia para un templo tan grande, mucha si se considera la distancia y el pronóstico de precipitaciones.

A la salida, hacia Misterios y Montevideo, era de noche y llovía.

El pecho iba tibio. Con el gozo de una ceremonia especial, y por acompañar al presbítero que ha tenido la palabra justa en momentos que más se necesitaba.

Siga así, padre José, hasta que Dios diga la última palabra.

(JGN).

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