Fuentes y Bañuelos

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Signos, de Gutiérrez Niño, para Así sucede, de Rogelio Ortega, en La Nueva de Zihuatanejo.  Dedse HAL. Foto: Raúl D´Haro.

La vida, festejos y decesos…

Este miércoles 29 -la vida, su temporalidad- nos recordó a don Carlos Fuentes y al poeta Juan Bañuelos. Uno de cumpleaños, otro naciendo a la vida eterna. Así sucede…

Nuestro Fuentes en la radio, el de la legendaria Serenata XEB, charlista incomparable, con fondo de guitarra y grillos, homónimo del escritor, ¿habrá conocido al poeta Bañuelos?

Probablemente sí porque vivió y trabajó en Tuxtla Gutiérrez, la tierra de Juan. Además el poeta fue cuñado de otro grande de la radio suriana: Ramón  Gonzalo Jiménez.

Bañuelos, de aquella generación que pasó por la clase de literatura del maestro Agripino Gutiérrez en el ICACH.

Interesado por siempre en asuntos sociales, Juan Bañuelos sería mediador durante el levantamiento neozapatista.

“De izquierda, de militancia, de integridad demostrada, reconocido en otros países, respetado y valorado en su estatura artística y sus posiciones políticas, defensor de las causas del pueblo, de la lucha indígena, mediador con el Ejército Zapatista, poeta intenso y talentoso”, describe Marisa Trejo Sirvent.

Poeta universal, desde la óptica del también poeta chiapaneco Roberto López Moreno quien adoptó la métrica de su coterráneo y la incorporó a su obra desde su segundo libro “Al sur de la nostalgia”.

Ensayista, además de poeta, Oscar Wong recuerda:

“Integrante de ‘La Espiga Amotinada’, un grupo de poetas que postulaba una propuesta lírica surgida de una fuente común: la exaltación, la ira y la subversión de los cánones literarios”.

Diferentes entre sí -observa Wong-, los “espigos” surgen como un grupo político-literario en una etapa crítica para el país, sobre todo si se recuerda la huelga ferrocarrilera en 1958, con Demetrio Vallejo a la cabeza, y que hizo coincidir, políticamente, a José Revueltas con estos escritores. Vale resaltar, además, el movimiento magisterial y el asesinato de Rubén Jaramillo, como otro parámetro histórico para comprender la importancia de esta corriente literaria.

“Eraclio Zepeda, Óscar Oliva y Juan Bañuelos, además de Jaime Labastida y Jaime Augusto Shelley, conformaron este grupo”.

Para Bañuelos, cuyo primer libro fue “Puertas del mundo”, la poesía responde a las necesidades de la colectividad como principio irreductible.

Desde la perspectiva del crítico Wong, “El mejor Bañuelos es el que canta el sentimiento mismo del hombre, el que observa a la humanidad desde su perspectiva amorosa”. Suena lógico pues una humanidad sin amor pierde su esencia.

“Bañuelos es, por supuesto, un ser sensible que busca reflejar la realidad a partir de las herramientas que tiene a la mano: su conciencia de hombre y su voz de rapsoda. También es un cronista cuya bitácora lírica va describiendo ritmos y sensaciones, circunstancias y acontecimientos. Las voces de la historia van de la mano de los mitos indígenas. Evocación, deslumbramiento, entonación sacra, incluso en la conciencia colectiva que es su poesía”.

Me pregunto si Carlos Fuentes habrá leído al aire algún poema de Bañuelos en su “Serenata XEB” o en los lejanos tiempos de la RCN de Tuxtla Gutiérrez. Fuentes el de la radio, ha sido un devoto de su padre que montaba trenes, y Bañuelos alguna vez escribió: “La vida que tú me dejaste, padre, es la yegua gris que monto…”.

Así sería, sencillamente porque… Así sucede.

 

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