Partituras y batuta

Entrecerrar los ojos y disfrutar el concierto propone Octavio Raziel. Tiene razón.

La vida como es…

De Octavio Raziel

El concierto

 

Contrario a lo que profetizan los catastrofistas le deseo a mi familia, a mis amigos, a mi país, al mundo y porque no, también a mis enemigos, un feliz 2017.Qué rápido se ha pasado el tiempo. Aún recuerdo, corrijo, me cuesta recordar cuando levanté mi copa de vino espumoso hacia el cielo y grité: Te vencí vida, logré brincar al año 2000. Esta vez, a unas horas de traspasar hacia el año 2017 veo el jardín de mi casa donde mis cítricos ya comienzan a producir y levantar altura; la ceiba que sembré y que ha luchado tanto por sobrevivir ya alcanza cinco de los cuarenta metros que debe desarrollar. ¿Los veré descollar un poco más? En mi retrospectiva pienso en ese gran rompecabezas llamado vida, donde cada uno de nuestros acontecimientos han sido piezas que, las más de las veces, se acomodaron solas, y en otras, tuvimos que darles una pequeña ayudada para que encajaran donde debían estar; pero, al final, todas formaron parte de nuestra vida, aquella que es como un concierto en el que en todo momento de la partitura cada instrumento se va a ir integrando a esa gran sinfónica existencial. Así, dejo bajo la batuta del Gran Director de la vida el Concierto del 2017 que abrirá con La Creación, de Haydn, la primera gran obra de la historia de la música que se compuso pensando en la posteridad; habrá movimientos tan fuertes como La tormenta”, de Rimsky Korsakov, o acordes de mucha suavidad como los del Moldavia, de Smetana. Seguramente nos tocará en algún momento, a lo largo de este ciclo, escuchar la Danza macabra, de Camile Saint-Saëns y en otras festejaremos El nacimiento, de Mercedes Sosa. Cada triunfo, cada logro lo marcaremos con el “Aleluya” de Haendel. El año trascurrirá con sus Cuatro estaciones”, de Vivaldi, de las que deberemos sacar lo mejor.  Al final, como lo debiéramos innovar cada año al hacer el balance de los ya vividos, con altas y bajas, con triunfos y fracasos, en la suavidad de la arena o el pedregal de la montaña, podríamos encontrarnos, nuevamente, con movimientos discordantes; pero, también, en nuestro transcurrir a bordo de esta pequeña nave azul que es la Tierra, se nos presentarán movimientos sinfónicos coherentes con nuestra familia, con nuestros amigos, con los que queremos y con los que nos quieren. Tener esperanza en el mañana pues podría ser mejor; pero que el mañana no te haga olvidar el presente, ya que en él vives. Cierra tus los ojos, y como en una cinta, pon los momentos felices que has vivido. Que lo positivo del pasado nos dé la esperanza para el futuro.

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