La tía Felipa

Más que su belleza física, que la conservaba, la tía Felipa lucía simpática y cordial. Era un deleite escucharla. Su acento norteño me recordaba la vieja serie radial “El ojo de vidrio”. Sus relatos, además, eran amenos; siempre salpicados de vital buen humor. Tan pronto sabía que alguien de su familia estaba mal, hacía viaje especial desde su Fresnillo; siempre dispuesta a apoyar. Cuando su hermana Leandra, abuelita de mi esposa, estuvo enferma, pasó en la capital largos períodos… Ojalá su propio proceso haya contado con un buen acompañamiento, como el que ella prodigaba. Hoy ha descansado.
El ministro que ofició en las exequias de una viejecita entrañable, doña Carmita Haro de Duvalier, dijo esta mañana que era una fecha de elegidos. No sé si lo haya dicho nomás por consuelo, pero ojalá lo sea.

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