Marilyn, su otra pasión

Angulo poco observado en la Monroe el que ahora muestra José Antonio Aspiros Villagómez: un ser humano sensible que gusta de la lectura y hasta de la escritura. Lo ofrecemos ahora que la actriz cumpliría 90 años.

Lecturas con pátina

La literatura fue la otra pasión de Marilyn Monroe

José Antonio Aspiros Villagómez

Marilyn Monroe, a quien sus admiradores de varias generaciones recordaremos el próximo 1 de junio en el 90 aniversario de su nacimiento bajo el signo de Géminis, estudió literatura, leyó mucho -poesía y obras serias como el Ulises de Joyce-, dejó una biblioteca de 400 volúmenes, se casó con un novelista y, aunque con faltas de ortografía, escribió poemas, cartas, reflexiones muy interesantes y hasta recetas de cocina.

         Sus herederos encontraron dos cajas con esos escritos y publicaron una parte de ellos en el libro Fragmentos, que por sí mismo constituye un tesoro para quienes coleccionan cuanto se relaciona con la actriz californiana, pues allí se reproducen fotos inusuales donde está leyendo, las libretas y hojas con sus apuntes manuscritos o a máquina, y la transcripción tipográfica de los mismos en inglés y en español.

Fragmentos (Seix Barral, primera edición, 2010, 269 páginas) podría no tener mucho valor literario, a pesar de que según el escritor Antonio Tabucchi, autor del prólogo, revela “una personalidad intelectual y artística que pocos podríamos sospechar”, y que otro literato, Norman Rosten, concede que MM “poseía el instinto y los reflejos del poeta, pero le faltaba maestría”.

Sin embargo, es de gran valía el rescate de estos textos porque en ellos la atormentada pero siempre sonriente Marilyn dejó a sus fanáticos una radiografía de sí misma: con frecuencia menciona sus miedos, su inseguridad, su enfrentamiento al psicoanálisis y, en una amplia y emotiva carta, su experiencia traumática en un hospital psiquiátrico al que ingresó por un “malentendido”.

Stanley Buchthal y Bernard Comment, los editores, no pasaron por alto que, bajo la presión de los estudios de cine, los medios le inventaron a Monroe la imagen de la típica “rubia tonta” y le negaron el “derecho a una cara opuesta” y ser esa persona melancólica que se pinta y examina a sí misma en sus escritos.

Los textos datan de 1943 a 1962, cuando ella tenía entre 17 y 36 años de edad. Muchos son apuntes sobre su trabajo como actriz y su miedo constante: al director, a ciertas mujeres que la trataban mal, a que la envenenara un homosexual amigo de los Kennedy, y a la tortura de sentirse humillada y creer que era “lo peor”, si bien reconoce que con unas copas de jerez podía relajarse y ponerse “de pronto alegre y simpática”.

Su vida con Arthur Miller aparece con frecuencia en estosFragmentos. Menciona, por ejemplo, el hallazgo del diario íntimo del escritor donde dice estar decepcionado de ella, y su aburrimiento en una de las casas donde ambos vivieron porque allí “ya no queda amor” y sólo hay en el jardín unos arces de casi dos siglos que están retoñando, lo cual “es como tener un hijo a los 90 años”. Edad que ella tendría ahora, pero nunca tuvo hijos, aunque sí al menos un aborto.

De Miller dice también que él prefería estar solo y ella estaba resignada, pero que años después le escribía todos los días y ella no se acostumbraba a eso, y expresa en sus apuntes dos esperanzas, que sin embargo se contradicen: “sigo esperando que deje de hacerlo (quererla), aunque espero que nunca lo haga”.

         Dramática y escrita con muy buena prosa, es una extensa carta fechada el 2 de marzo de 1961 y terminada al día siguiente, que MM pidió a su asistente pasar a máquina. Allí narra con mucho detalle su ingreso a un hospital, su traslado -por el ya citado “malentendido”- a un área sin que le dijeran que era una planta de psiquiatría, y donde estuvo varios días.

En ese lugar, dice la misiva, trató como locos a los médicos y enfermeras, de quienes se expresa muy mal porque eran “incapaces de percibir lo que lleva dentro un solo ser humano”, y se negó a cooperar con ellos. Comenta sus ágiles y lúcidas respuestas a las preguntas que le hicieron y se queja de haber sido encerrada en una celda bajo llave.

“Sé que nunca seré feliz pero sé que ¡puedo ser muy alegre!”, le confiesa al neurólogo. Es un documento útil para conocer por ella misma ese aspecto de la vida de la actriz, cuya madre y abuela estuvieron también en hospitales psiquiátricos.

En un poema titulado Tras un año de análisis, pide tres veces “socorro” porque “siento que la vida se me acerca cuando lo único que quiero es morir”, y con un “grito” dice que “empezaste y terminaste en el aire pero ¿qué hubo en medio?”.

         Uno de los capítulos de Fragmentos contiene esbozos de las respuestas que MM preparó para una entrevista en 1962, año de su muerte. Explican los editores que ella desconfiaba de los periodistas -no así de los fotógrafos, con quienes tuvo gran amistad- y a veces exigía ver antes los cuestionarios.

         En esos apuntes reconoce que se identifica “mucho con todos los perseguidos de este mundo”, y que la falta de cariño y ayuda suficientes le enseñaron “sobre las necesidades básicas de los jóvenes, los enfermos y los débiles”; rechaza “contestar a preguntas personales sobre religión”, aplaude de Eleanor Roosevelt “su devoción por la humanidad” y califica los poemas de Carl Sandburg como “canciones del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Menciona los libros que leía en ese tiempo, su gusto por “la poesía y los poetas” y su “relación de alumna y profesor al principio del matrimonio” con Arthur Miller.

         La obra termina con unos “suplementos” que consisten en las portadas de algunos libros de su biblioteca personal; su fotografía favorita tomada en 1956 en NY, en la que aparece con un clavel entre las manos; el “elogio fúnebre” que pronunció su maestro, amigo, socio y heredero Lee Strasberg durante el funeral, y en el que pide “comprensión y piedad” hacia ella; una “biografía” que más bien son las principales efemérides de la vida de la artista, y un recuento de anécdotas de poetas, escritores y cineastas que la conocieron o quisieron conocerla, y lo que escribieron o dijeron acerca de ella.

         Feliz nonagésimo cumpleaños, Marilyn Monroe; habrá pastel en el firmamento.

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