Florecido camino, ignoto

00 Plenitud

Entre sus dos poemarios principales (Senda del porvenir y el presente Decálogo), Gumaro osciló en carne viva entre la épica y la elegía. Sin doblegarse por sí mismo, cuando la vida pareció vencerlo le regaló un desenlace incierto. Más que oda en el centenario de su natalicio, esto es su huella –y un guiño. (JGN).

DECALOGO de GUMARO

 

Despojos

 

Son negros, tan negros,

tus cabellos, blandos y bellos

como negros son

los ojos del dolor;

pero más negra es

la vida mía

que canta en su agonía

la muerte de mi amor.

 

Crueles,

terriblemente crueles,

son los laureles

con que ornarán mi frente

la Vida y la Creación,

porque serán despojos

de los traidores ojos

que hirieron, inclementes, mi corazón.

 

Poema de soledad

 

En medio del silencio de mi reino

-antorcha que ilumina sin flamear-

enciéndese mi ser con tu recuerdo

y siéntote muy cerca respirar.

 

Y vibra en las papilas de mi tacto

tu carne hecha de rosas y de azahar

y escápase un gemido que es un canto

tañido por la luz de tu mirar…

Y envuelvo en el capuz de tu belleza:

“El poema de mi acerba soledad”.

 

Nada

 

En la blanca compañía de la nada

solloza la tristura de una lágrima;

y en mi pecho, en mi mente y en mi alma:

calienta mi delirio tu palabra.

Asido de la mano de la nada

te palpan sin tocarte mis miradas.

Y en mi lecho, y en mis labios que te llaman:

¡solloza la tristura de una lágrima!

 

Tu nombre en la distancia

 

En el vértigo de los segundos

que se alimentan de kilómetros,

ha florecido los caminos

mi pensamiento.

Y en las veredas de la angustia

con su vaivén de ritornelo,

se yergue la presencia de tu imagen

sobre el filo del recuerdo…

 

¿Por qué mientras la fuente de la duda

tremola los girones del anhelo,

se aferra en lo imposible mi cariño

por valles, praderas o desiertos?

 

Bien la fe que brillara en plena noche

a la antorcha de tus ojos en mi vida;

por tu culpa, mujer indefinida,

la linfa es una perla de amargura…

 

El verde matizando su esmeralda,

las ramas destrozadas:

los cánticos a gritos de la selva,

la voz de las chicharras;

y las piedras:

estuche que deshojan las palabras

son arpas por tu nombre

y grillos que electrizan mi pobre alma.

Por tu culpa, mujer indefinida:

¡la linfa de mi vida es muy amarga!

 

Soneto triunfal

 

Soneto que con bella alma gigante

Ofrendas tu lirismo al verbo mío,

Naciste como bohemio trashumante

En medio de mi loco desvarío.

 

Tallaste con tus manos sonrosadas

Orfébricos diamantes de poesía;

Tramontas con tu afán las alboradas

Rendidas a tus plantas y a las mías.

 

Inicia en el parnaso de belleza

Una canción de aromas y alegría,

no así de sollozar ni de tristeza.

 

Florece mi ilusión y haz que en su ausencia

Alimente de mi alma su ambrosía

La boca de mi amada con su esencia.

 

Mi presencia

 

Cuando roto el cordaje

de mi ser palpitante

la canción que cantara

no recuerde tu voz

y se esfume en el viento

el tic-tac de la angustia,

sentirás mi presencia

como un tenue dolor…

Te dirá el firmamento

con su mudo lenguaje

la canción que en mi pecho

se murió sin vibrar,

y tendrás la congoja

de sentir muy adentro:

un rumor de tristeza

que engendró tu mirar…

Nacerá de la muerte

que penetre el silencio

y que apaga la voz,

la canción sin sonido

de mi yo,

que será para siempre:

por tu amor.

 

Pasos del tiempo

 

Cerró sus párpados el tiempo

cansado de mirar

y se adentró en las sombras

mi ansiedad…

 

Brotó como un ensueño

la claridad lunar

y se bañó Natura

para olvidar…

 

Siguiendo impulso ciego

del Todo y Nada -Vida-

abrió su estuche obscuro

para dar nueva luz.

 

Alzó su velo triste

y con firmeza audaz,

echó al hombre camino de lo ignoto:

para luchar…

 

Meditación nocturna

 

El pulso del mundo vibrando entre mis dedos

-sístole y diástole; congojas y alegrías-

Atento el oído, ausculta en ultratumba;

los siglos son pausa de mi alma en el futuro,

¡mis ojos cerrados encienden su luz pura!

 

Perdidas las formas son notas las palabras

y el tacto es espiga de un fruto de verdad;

la savia recorre los límites del tallo

“y el genio, que es hombre, traza su vertical”.

 

Irán por los caminos del viento y del anhelo

las huellas del martirio y los surcos del dolor;

tal vez mientras se labra la dicha que no llega

te espera en el abismo mi númen de poeta

Y ríe con sarcasmo: tu boca uva-flor.

 

La estrella, la más blanca, desciende a los jardines,

la piedra más discreta conversa de ilusión

y enciende el pensamiento su fósforo de insomnio:

los nervios destrozados quisiérante palpar…

 

Pero luego la sombra

Como un rayo que quiebra la dicha en zig-zag,

la sombra de tu esencia no localizada en mi cuerpo

-tal un dolor de siempre, tal una duda: igual-

empaña las antorchas del tacto y del deseo

que gimen de impaciencia, que lloran de ansiedad;

Por ti mujer: poesía, por ti beldad: canción:

¡torturas de mi mente; razón de mi existir…!

El pulso del mundo vibrará en la materia

Y será para siempre, si posee tu esencia:

una gema de auroras que te dirá mi voz.

 

Huella

 

Manantial eterno

que genera luz;

oración del fuego

que encendieras tú.

Nota en el concierto

que ejecuta Dios;

rosa de los vientos

de nuevo Simún…

Canto breve y hondo

de suave vibrar;

caminos del Orto

de la Humanidad.

Mi alma en el principio

y en el fin del sol,

y en la voz del trino

¿y qué más, Señor?

 

Creación de vida eterna

 

Mujer (Humanidad, Naturaleza, Vida):

soy hombre,

y por la grandeza de mi sexo

te fecundo en cada instante que muero;

cada vez que te poseo

para renacer de nuevo

en mi nuevo Universo

de tu nuevo himeneo;

en cada minuto eterno

de mi eterno deseo

de tus labios entreabiertos

en espera de mi fuego;

en cada hora en que la angustia

tararea su ritornelo

por los seres que perecen

sin un triunfo, sin un canto, sin un beso;

por las luces que no brillan

sino en el obscuro averno;

por las rosas desgajadas

por el cierzo del invierno;

por las voces apagadas

en las arenas del desierto,

sin que lleguen a las caravanas de la vida,

a sus oídos huecos,

ni una nota de salterio

ni su perdido eco…

 

Cada vez que la floración de mi alma

inaugura su Nueva Galaxia,

te fecundan, mujer (Humanidad, Naturaleza, Vida),

cada uno de mis emisarios espermatozoides

del miembro viril de la belleza

y de la lira universal de mi poesía:

un canto nuevo de mundos y de soles,

¡y un palpitar eterno de eterna vida!

 

GUMARO

Agosto 3, 1970.

 

Gutiérrez Hernández, Gumaro Natanael. (Ixtapa, Chiapas. 26 de marzo de 1916 – ¿? ¿? ¿?). Normalista y economista por la UNAM, dejó todo para ser poeta compositor. La incierta musa condujo al Caminante de la Eternidad a un final de peor incertidumbre. A finales de 2009 se le vio por última vez en el centro de la Ciudad de México.

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One Response to Florecido camino, ignoto

  1. GUMARO Y POESÍA PALPÌTAN EN EL AIRE Y EL CIELO INTEMPORAL DE LA VIDA. AHÍ DONDE NADA FENECE.

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