Escrituras de la historia / II

“En los documentos está todo lo que somos; antes de cada libro hay muchos documentos, y mientras que de los libros existen muchos ejemplares, los documentos son únicos; por eso hay que preservarlos”, dijo Patricia Galeana, del INERM. Enseguida, otro ejemplo de esa valía.

Los monárquicos mexicanos se equivocaron con Maximiliano, revelan archivos

*Viajó a México ya comprometido a seguir una política liberal

*Juárez le advirtió a tiempo de su error

Por Norma L. Vázquez Alanís

(Segunda parte)

            Durante una disertación sobre el Segundo Imperio, en la cual resaltó la importancia de que sean preservados los documentos históricos de todos los tiempos, la directora del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revoluciones de México (INEHRM), Patricia Galeana, hizo un recuento de los archivos existentes sobre la época de Maximiliano y Carlota.

            Al participar en el ciclo de conferencias con motivo del 50 aniversario del Centro de Estudios de Historia de México (CEHM), señaló que esta institución privada tiene un valioso y considerable acervo sobre el tema, incluido el fotográfico y con el cual fue publicado el libro ‘La fascinación por el Imperio’.

Se trata, dijo, de una colección magnifica de fotos que no se encuentran en ninguna otra parte, y que incluyen imágenes de Maximiliano y Carlota recién casados, la visita de ambos al papa Pío IX, la diputación mexicana que le ofreció el trono en Miramar, la entrada del emperador a la ciudad de México, su gabinete, su último retrato antes de la caída de Querétaro, y su fusilamiento.

Y entre los documentos, destacan por su importancia los Tratados de Miramar, firmados por Maximiliano con Napoleón III y en los que se comprometió a pagar a Francia todo lo que gastara en establecer el Imperio, confiado en la idea difundida por el cronista francés Michel Chevalier, de que México era un territorio inmensamente dotado en recursos naturales.

La doctora Galeana explicó que Chevalier -autor del libro ‘México antiguo y moderno’, fue uno de los grandes propagandistas de los beneficios que su país podría encontrar en México, pues creía que había muchísima riqueza en las minas de Sonora. Por eso Maximiliano ofreció pagar lo que Francia invirtiera en cada uno de los hasta 40 mil soldados que mandó.

Uno de los tratados de Miramar, recordó, fue secreto y en él Maximiliano se comprometió a aplicar en México una política liberal; en este punto los conservadores monárquicos se equivocaron cuando fueron a pedir apoyo a Napoleón III, pues era un Bonaparte, liberal, orgulloso de ser heredero de la estirpe revolucionaria y eligió a otro liberal: Maximiliano. Los monárquicos mexicanos -ilustró Galeana- prácticamente pusieron ‘la Iglesia en manos de Lutero’.

Otro de los archivos que guarda el CEHM, dijo, es el de Juan Nepomuceno Almonte, hijo de José María Morelos, quien primero fue republicano y después monárquico, y estuvo en la junta superior de gobierno que se formó para ofrecer la corona a Maximiliano. Ahí está la correspondencia que el archiduque le mandó a Almonte, para preguntarle si era exacto que el pueblo de México lo llamaba al trono, pues antes de aceptar había pedido actas de adhesión, como prueba de ello.

En paralelo, un enviado del gobierno de Benito Juárez, el diplomático republicano José de Jesús Terán -cuyos archivos están en la Secretaría de Relaciones Exteriores-, viajó a Europa a explicarle a Maximiliano que iba cometer un error, que lo estaban engañando, que en México existía un gobierno republicano establecido conforme a una Constitución hecha por representantes de todas las tendencias políticas del país, y por lo tanto el gobierno era legal y legítimo, razón por la cual él no debía de aceptar el trono.

Por eso Maximiliano le escribió a Almonte, con quien tenía mejor relación porque era menos conservador de los otros, y esa correspondencia la resguarda el CEHM, al igual que la habida entre ambos cuando el hijo de Morelos formó parte de los enviados a Francia, para tratar de convencer a Napoleón III de que no retirara su ejército de México.

El Centro de Estudios de Historia de México también tiene en su acervo los archivos de Miguel Miramón, un general conservador que dejó el país tras ser derrotado por los liberales en la batalla de Calpulapan (1860), y cuando regresó se puso a las órdenes de Maximiliano, quien, sin embargo, lo mismo que el mariscal francés Aquiles Bazaine, le tenían desconfianza como a todos los conservadores.

Lo que hizo Maximiliano fue mandarlo lo más lejos posible, a Prusia, para que estudiara estrategia militar, mientras que al general Leonardo Márquez lo designó encargado de una misión extraordinaria en Constantinopla y los Santos Lugares, también para alejarlo de México.

Miramón y Márquez eran los dos militares más fuertes del grupo conservador, y cuando Napoleón III retiró de México al ejército francés, a Maximiliano no le quedó más remedio que llamarlos y fueron los encargados de dirigir la parte final, el declive del imperio, dijo la conferencista, quien agregó que también están en el CEHM los archivos de Tomás Mejía, uno de los fusilados en el cerro de las Campanas.

La postura del Vaticano

De los personajes del Segundo Imperio cuyos documentos están en poder del CEHM sobresale Ignacio Aguilar y Marocho, otro importante miembro de la junta de notables a que convocó el ejército francés de ocupación; en su archivo está el dictamen por el cual se decidió establecer una monarquía y ofrecerla a Maximiliano, o en caso de rechazarla éste, a quien Napoleón III determinara.

Aguilar y Marocho fue representante de Maximiliano en Roma para convencer a Pío IX de firmar un concordato, que desde luego el papa rechazó pues el proyecto era de un gobierno liberal que respetaría la libertad de cultos, y lo que la Iglesia Católica quería, era que se derogaran todas las reformas del gobierno de Benito Juárez.

La Iglesia -explicó Galeana- pretendía que se restableciera la intolerancia religiosa, y precisamente la razón por la cual estalló la guerra civil de Reforma, fue porque en la Constitución de 1857 aparecía por primera vez en México la libertad de culto y se facultaba al Estado para legislar en la materia. Entonces la Iglesia sacó su arma más poderosa, la excomunión, para todos aquellos que hubieran jurado esa carta magna y no se retractaran. El clero presentaba a los franceses como salvadores de la religión católica, supuestamente perseguida por Juárez y los republicanos.

A raíz de esa negativa surgió una discusión con Roma, porque Maximiliano pensó que la Iglesia iba a tener que aceptar su política liberal porque el papa estaba en manos de las tropas francesas, que protegían a los estados pontificios de sus enemigos italianos. Pero Pío IX se sentía realmente prisionero del rey de Francia, y su forma de mostrar su independencia fue no ceder frente al imperio que éste establecía en México.

Parte del archivo de Aguilar y Marocho se refiere al cabildeo de Carlota con Napoleón III y a su comportamiento debido a la angustia; sufrió de ataques de paranoia por la tensión que tenía, su estado emocional era muy difícil por la respuesta negativa del monarca francés, pero tuvo grandes momentos de lucidez que se revelan en su correspondencia.

Agregó Galeana que el CEHM tiene bajo su custodia el terrible decreto del 3 de octubre de 1865, emitido por Maximiliano, según el cual como Juárez había dejado el territorio nacional -lo cual no era cierto pues estaba en Paso del Norte sin aceptar el asilo ofrecido por Estados Unidos- la Republica había dejado de existir y a todos los republicanos se les pasaría por las armas como bandoleros.

Este mandato propició que se cometiera un exceso aterrador en Uruapan contra los generales republicanos José María Arteaga y Carlos Salazar: los sacaron de la cárcel donde estaban prisioneros, y los ejecutaron; hasta los militares belgas que estaban cautivos de los republicanos, elevaron sus protestas pues les pareció un acto criminal y contrario a las reglas de una guerra civilizada.

A juicio de la conferencista, los documentos correspondientes al Segundo Imperio que hay en el CEHM y en el Archivo General de la Nación son muy valiosos en virtud de que la mayoría de la documentación de este periodo está en Viena, puesto que cuando Maximiliano se vio abandonado por Napoleón III, se fue a Orizaba ya decidido a abdicar y envió todos sus archivos a Austria.

Por último, la doctora Galeana, integrante del consejo consultivo del CEHM, citó el archivo de José Luis Blasio, quien fue secretario particular de Maximiliano, en el cual existen documentos y fotografías personales. Blasio escribió sus memorias, tituladas ‘Maximiliano íntimo’, donde refiere varios pasajes de la vida de su jefe, de quien tuvo un gran conocimiento por su cercanía.

Por cierto, dijo la ponente, en el archivo de José Yves Limantour hay información sobre el embalsamamiento del cadáver de Maximiliano.

En los documentos, concluyó la historiadora, está todo lo que somos; antes de cada libro hay muchos documentos, y mientras que de los libros existen muchos ejemplares, los documentos son únicos; por eso hay que preservarlos.

(Concluirá)

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