Mexicanos así…

Del centenario de Alejandro Avilés / Juan Olea, visionario de Santa Teresa, Coyuca de Catalán /  Héber Mátuz, un parachico menos.

El activo humano

El último día de 2015, Alejandro Avilés (poeta, periodista y maestro) habría cumplido cien años.  Sinaloense de origen, sus restos reposan en Morelia.

Durante 21 años dirigió la Escuela de Periodismo “Carlos Septién García”, ubicada a unos pasos de los estudios centrales de ABC Radio, desde donde Lalo Torreblanca -uno de los discípulos predilectos de don Alejandro- transmite “Universo Pyme”.

En uno de sus versos, el maestro Avilés sugiere:

Asómate a la luz que te acompaña

antes que el tiempo ciegue cada forma.

Antes que se oscurezca el aire límpido

de los seres que alumbran tu memoria.

En otro más, advirtió:

Ay de tí si no sabes lo que quieres.

En la alta noche buscas

la razón de la luz y ahí te pierdes.

-abc-

Con el nuevo año se apagó una vida ejemplar: productiva y comprometida con su comunidad, la de don Juan Olea Castillo. Guerrerense amante de su tierra, vino al mundo en Coyuca de Catalán y sus restos descansan desde este lunes 4 de enero en Ciudad Altamirano.

Santa Teresa, una comunidad de Coyuca, conoció de su acción particular y colectiva. Agricultor y ganadero empeñoso, cuando comisariado impulsó la urbanización: trazó calles amplias y derechas que ahora dan una buena fisonomía al lugar.

En Altamirano puso en práctica las artes de la panadería tradicional, heredadas de su madre y abuela, pero llevándolas al terreno industrial.

La de don Juan Olea Castillo es una de esas vidas tesoneras, valiosas, que sin reflectores impulsan la actividad económica de las regiones de México, de las que que realmente requiere nuestro país.

-abc-

Este año, las fiestas de enero en Chiapa de Corzo transcurrirán sin un parachico tradicional, de chamarro y sonaja natural: el maestro Héber Mátuz Escarpulli, fallecido hace poco.

Llegó del istmo para compartir sus vastos conocimientos sobre historia y cultura de México; así apoyó las tareas de creación y conservación de la Casa Museo Angel Albino Corzo.

Durante una feria como la que ahora comienza en Chiapa, un comerciante amarró un mecate a una de las extremidades de la estatua de don Angel Albino Corzo para sostener su puesto. El maestro Mátuz salió machete en mano para cortar ese lazo y hacer respetar la efigie.

Mexicanos así forjan el amor a la patria.

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