Ser débil para ser útil

La debilidad es con frecuencia la otra cara de nuestra fortaleza, recuerda la autora Regina Brett, e insiste: no temas.

Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. (2 Corintios 12.9).

Dios no siempre llama a los fuertes

Algunas veces debes ser lo suficientemente débil para ser útil

 

Todos hemos escuchado estas historias:

Elvis Presley reprobó la materia de música y le dijeron que mejor continuara con su trabajo de conductor de camiones. A Michael Jordan lo sacaron del equipo de basquetbol de la preparatoria. La novela Lo que el viento se llevó fue rechazada 38 veces antes de publicarse. J.K. Rowling vivía de la asistencia social antes de Harry Potter la convirtiera en millonaria.

La maestra de música de Beethoven dijo que él no tenía esperanza alguna como compositor. Winston Churchill reprobó el examen de admisión a la Academia Militar un par de veces y era el peor de su clase. Lucille Ball tuvo que abandonar la escuela de actuación por ser demasiado tímida. Julia Roberts no obtuvo un papel en la telenovela All my Children (Todos mis hijos).

A Tomás Edison lo despidieron un par de veces por no tener capacidad productiva. Babe Ruth mantuvo el récord por ser el más ponchado. Walt Disney perdió su trabajo en un periódico porque carecía de imaginación. Van Gogh vendió un solo cuadro en toda su vida. Abraham Lincoln sufría depresión, fracasó en dos iniciativas de negocios y perdió ocho elecciones (dile eso a su monumento).

Los fracasos de esos grandes triunfadores me convencen de que nuestra debilidad, con frecuencia, es la otra cara de nuestra fortaleza. A mí me daba pavor expresar mi opinión y adivina cuál es ahora mi profesión: escribir una columna de opinión para el periódico más importante de Ohio.

En general, nuestras fortalezas y nuestras debilidades están directamente relacionadas. Durante mucho tiempo, yo me resistí a abrazar mis fortalezas porque hacerlo implicaba confrontar mis debilidades. Pasó mucho tiempo antes de que supiera que Dios puede usar ambas; y transcurrió más tiempo antes de darme cuenta de que algunas veces Dios nos elige por nuestras debilidades y no por nuestras fortalezas.

Siento un gran consuelo cuando veo, a través, de la Biblia, que Dios no siempre elige a los fuertes. Escoge a los que tienen algún defecto o debilidad y los transforma. Una persona como Moisés, quien había matado a un hombre, fue elegido para guiar a su pueblo de la esclavitud a la libertad. David, quien había ordenado que acabaran con la vida de alguien, es elegido para ser rey. Y también está Jesús, quien incluyó entre sus doce seguidores más cercanos a uno que le mintió, dudó de El y lo traicionó.

Mi pasaje favorito de Navidad empieza con No temas. Esas dos palabras significan que Dios va a hacer algo poderoso con alguien que es débil. ¿No encanta ese momento en Una navidad con Charlie Brown, cuando Linus ofrece explicar el significado de la Navidad a su amigo, citando el evangelio de Lucas?

            No teman, porque les traigo una nueva noticia, una gran alegría     para todo el pueblo. Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un          salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal:    encontrarán un niño recién nacido envuelto en pañales y        acostado en un pesebre.

He escuchado decir que debemos leer la Biblia como si fuéramos cada uno de los personajes en ella. Un año el sacerdote de mi iglesia, el padre Tom Fanta, dio un sermón como si fuera el mesonero que le cerró la puerta a la sagrada familia en esa primera víspera de Navidad; actuó el papel de principio a fin, desde su arrogante negativa hasta su vergonzoso arrepentimiento.

El sacerdote dijo que somos como los mesoneros que cerramos la puerta para no darles cabida a los demás. Estamos demasiado ocupados como para hablar con el amigo que está enmedio de un turbio divorcio. Nuestras vidas están demasiado llenas como para darnos un tiempo y ofrecer nuestros servicios en un albergue de mujeres o cuidar al bebé de alguna amiga.

Somos esos pastores ocupados que atendemos a nuestro rebaño -nuestros trabajos, pasatiempos, familias- y tenemos miedo cuando Dios viene a nosotros, ya sea bajo la forma de ángeles celestiales o terrenales (amigos, familiares y extraños, o problemas y crisis). Nos mostramos reacios cuando nos piden ir a un lugar desconocido o no deseado, para lo que debemos desviarnos del sendero profesional cuidadosamente construido o de nuestra apretada agenda.

Somos como José, quien pudo haber abandonado en silencio a María, en vez de entrar en una relación que demandaría de él más de lo que estaba dispuesto a dar. Preferimos lo normal, lo estable, lo predecible (algo que podamos controlar). Planeamos nuestras vidas y en la planeación tenemos cuidado de no dejar espacio para que Dios entre y desordene todo.

Somos como María cuando llegó el ángel por primera vez a visitarla, que se sintió asustada. ¿Realmente queremos a Dios tan cerca? No temas proclamó el ángel.

¿Qué pasaría si Dios nos llamara para algo superior? Suena bien por un segundo, pero inmediatamente después haríamos un balance del costo. ¿Qué pasa si el llamado significa mudarnos, ganar menos dinero o regresar a la escuela?

Cuando Dios llamó a Jeremías, él quiso declinar argumentando que era demasiado joven para el trabajo. Moisés tampoco se emocionó mucho cuando lo contrataron para pastorear a los judíos a través del desierto hasta la Tierra Prometida.

Un sacerdote me platicó que antes de ordenarse no se sentía lo suficientemente fuerte para este llamado. Después, alguien le preguntó:

-¿Eres lo suficientemente débil?

Decirle que sí a Dios no se trata de fortaleza, sino de la afirmación enmedio de la debilidad.

La Madre Teresa alguna vez manifestó que su misión no consistía en ser exitosa, sino en tener fe.

Si la respuesta a ser lo suficientemente fuerte es negativa, quizás estás haciendo la pregunta equivocada. A lo mejor lo que debes formular es: ¿soy lo suficientemente débil para ser de utilidad?

Regina Brett en Tú puedes ser el milagro.

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