¿Transporte de primera o deprimente?

Lista resumida de las diez “cualidades” del transporte permisionado de la ciudad de México, el de “primera” con tarifa de “tercera”, que la autoridad local tolera sin restricción alguna:

1) Arbitrario.
Pese a los checadores de tiempo, o a veces precisamente por ello, microbuses y camiones mantienen un recorrido inconstante: arrancan a vuelta de rueda y luego, cuando ven amenazado su botín por quien los alcanza o rebasa, corren desaforada y peligrosamente. Con frecuencia se dan el lujo de no atender las solicitudes para descenso.
2) Incómodo.
No solamente retacan las unidades, incluso aquellas por las que difícilmente se desplaza una sola persona por el “pasillo” (e insisten con su machacón “nomás recórranse”; ¿Nomás?, ¿y si no, qué?). Además, llevan por debajo de sus estrechos asientos, toda suerte de utensilios de limpieza (cubetas, escobas y trapeadores), y de pilón, grandes bocinas.
3) Contaminante.
Convertidos en verdaderas chimeneas rodantes, únicamente superadas por los vehículos del propio gobierno local, las unidades de transporte colectivo son una verdadera amenaza a la salud de usuarios y del entorno. A poco del traslado es frecuente escuchar toses y estornudos por las descargas de emisiones, que se cuelan no solamente por puertas y ventanas sino por la gran cantidad de agujeros en pisos y carrocerías.
4) Ruidoso.
A los inconscientes manejadores les excitan los bocinazos, a veces durante todo su trayecto. No les basta torturar a los pasajeros con el elevadísimo volumen de sus estéreos o con el chirriar de frenos.
5) Permisivo.
La constante autorización para que operen a su completo antojo los amenazantes vendedores es una de las peores y crecientes prácticas. El usuario toma un camión para transportarse; no para comprar o donar, menos para que le amenacen, y mucho menos de tramo en tramo, al puro estilo de las mafias del metro que también deben ser eliminadas.
6) Peligroso.
El peligro en microbuses y camiones va más allá de sus proverbiales carreras, frenones y demás irregularidades. Incluso más allá de la identificación y toma de nota de hábitos de usuarios por parte de las plagas pedigüeñas… Ya casi no hay una unidad que no traslade galones que no solamente son de agua sino muchas veces de combustible.
7) Irrespetuoso.
Mediante charlas majaderas con sus acompañantes (en plural porque son varios, hombres y mujeres), o con uso del radio o discos de pésimo gusto, los choferes faltan constantemente al respeto debido a los usuarios que sostienen a semejantes agresores. Con frecuencia, además, confrontan directamente a los pasajeros en formas y con palabras por demás irreverentes.
8) Retardado.
A los recurrentes retardos para salir, muchas veces hasta que llenen sus unidades, incluso con personas de pie, deben añadirse las demoras por trayectos afectados por las preferencias al Metrobús. Así se duplican y hasta triplican los tiempos de traslados, afectando considerablemente la calidad de vida de los usuarios y su economía.
9) Descuidado.
Si esas unidades son abandonadas en aspectos cruciales como afinación, llantas y frenos, es fácil advertir el sistemático descuido en asientos: raídos, puntillosos y hasta sueltos o carentes de respaldos. Ni qué decir de la suciedad y hasta basura que casi siempre llevan.
10) Caro.
Con todas sus deficiencias, añejas y permanentes, el transporte capitalino ya era por demás caro. Ahora, que ni siquiera hicieron la finta de establecer “compromisos” de mejora alguna, lo es mucho más. Y eso sin sumar los costos globales del rubro (y el acumulado familiar) y sin contrastarlo con las percepciones… cuando se tienen.

Esto es para conocimiento del gobierno capitalino. Es seguro que amarillos, morenos y naranjas ignoran este fenómeno que padecemos cotidianamente (por lo menos dos veces al día, cuando no el doble o triple) habitantes y multicontribuyentes. Si lo supieran, tan conscientes de la alternativa sociopolítica que deben ofrecer, semejantes funcionarios de izquierda serían menos chuecos… Seguramente.
Por mi parte, confío plenamente que los “opositores” no querrán devolver “tan pronto” el negocio más grande del mundo (léase: DF) y, tan pronto se enteren de semejante calidad de vida en la ciudad de la esperanza, de la equidad y de las decisiones compartidas, pondrán un hasta aquí a sus estrategias para meter el Metrobús por donde no les cabe, pero… ¿Y qué tal que ya están hartos de la rifa del tigre?
La pregunta al vacío es: ¿cómo hacemos para obligar a los servidores públicos, representantes populares y demás ralea privilegiada para fastidiarnos, que deje de permitir tanto abuso entre sus corporativos electoreros?
Es un asunto delicado porque se ha llegado a la impunidad y el cinismo. No se cuidan las formas más elementales. Detrás del impúdico discurso del “decidiendo juntos” sobresale el peor de los autoritarismos. La única concesión hecha fue divulgar el aumento a tarifas en tiempos vacacionales, cuando todo mundo está distraído y todo importa poco.

Lo peor sería que tampoco ahora importase nada; que la gente se pase el trago amargo (por algo nos mandan tragar saliva en una ciudad “libre” de contaminantes y de influenzas),y que la gente opte por reducir el gasto en alimento, salud o recreación, con tal de apoquinar ante los cuates de los mandatarios.
Si el ciudadano (es decir: el mandante) es sometido en algo tan directo, ¿en qué no lo será? ¿En verdad nadie puede organizarse para impedir atropellos tan elementales? Como no nos “organicen” otro 132…

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One Response to ¿Transporte de primera o deprimente?

  1. Miguel dice:

    Excelente descripción que ni el mismo Dante hubiera imaginado para plasmar los tormentos en su visión del Infierno. En el Ecatpec, la principal línea de transporte está coludida con las autoridades municipales…
    Miguel Pedro Ramírez Ochoa

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