Brindis por el Chobojo

¿Bastarán tres o cuatro encuentros para conocer a una persona? Con toda seguridad, no. Pero del Chobojo Máster no había demasiado qué saber ni decir. Bastaba su charla como auquella -extensa y amena- del 31 de diciembre, hará dos o tres años, cuando proponíamos escribir el brindis del chobojo, para conocer sus móviles esenciales: la cultura, la computación; el uso de ésta en favor de aquélla… Entre nubes de fatales cigarrillos partió el pasado día 5, y a manera de homenaje a su infatigable labor, reproducimos ahora y aquí un poema de Juan Cervera Sanchís.

 

EL OJO

Para mi amigo Alonso Marroquín Ibarra,

quien el día de hoy nos dijo hasta pronto.

El ojo inquisidor del fiero sol

gritaba fieramente en los cristales

de las mudas ventanas de tu casa

quemando las persianas entreabiertas

de tus desvencijadas fantasías.

La secreta memoria de la vida

platicaba con la raíz oculta del olvido.

Un cementerio azul de absortas mariposas

disecadas creía volar a fuerza de escarlata

por las escandalosas hogueras de la aurora.

Un arcángel en llamas huía muerto de sed

por los espejos temblantes de las lágrimas.

La voz honda sin voz de una piedra inaudible

decía sin decir cuanto hay que decir

y a veces no decimos.

Fue entonces que intuí la verdad de la muerte

y supe que morir es realmente nacer,

a la luz de la luz, en un planeta niño

y transparente donde reina cantando en plenitud,

y a plenitud, la vida bellamente iluminada.

JUAN CERVERA SANCHIS

México D. F., 5 Diciembre 2011

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