Poemas de junio

Como acostumbra, Juan Cervera Sanchís no juega únicamente con las palabras sino con las formas poéticas, abarcándolo prácticamente todo. En su producción de junio ha profundizado en lo cotidiano y lo cotidianamente reflexionado. Olvidos, recuerdos y verdades ocultas a los ojos…

+HAIKUS

1

La alondra ciega

creía viendo hacia dentro

que era una estrella.

2

El colibrí

volaba y revolaba

por el jardín.

3

El surtidor

jugaba con el agua

envuelto en sol.

4

Las niñas flores

bordaban en las nubes

vivos colores.

5

El limonero

encendido de frutos

era un portento.

6

Entre las rosas

despertaban la envidia

las mariposas.

7

El hechizante

aroma de los nardos

poblaba el aire.

8

Un ruiseñor

extasiado soñaba

sueños de amor

9

La noche en pleno

rendía culto al jardín

y al jardinero.

10

La tierra viva

del jardín era un canto

de raíces místicas.

JUAN CERVERA SANCHIS

México D. F., 5 Junio 2011

 

 

QUIÉN

 

 

 

El surtidor

 

no es el agua;

 

no es el agua

 

el surtidor.

 

Ante el surtidor

 

y el agua

 

me pregunto:

 

¿Quién soy yo?

 

JUAN CERVERA SANCHIS

 

México D. F., 5 Junio 2011

 

 

NIÑO

 

En la memoria del río

 

sigue viviendo aquel niño,

 

el niño aquel que fui yo

 

y será por siempre niño

 

en la memoria del río;

 

que en la memoria del río

 

jamás, jamás, jamás nunca

 

envejecerá aquel niño,

 

que será por siempre niño,

 

que niño será por siempre

 

aquel niño,

 

el niño aquel que yo fui,

 

en la memoria del río,

 

del río Guadalquivir.

 

JUAN CERVERA SANCHIS

 

Café Jekemir, Ciudad de México.

 

7 Junio 2011

 

 

RECUÉRDAME

 

Recuérdame que te olvide.

 

Recuérdame.

 

Recuérdame que el recuerdo…

 

Hoy. Mañana. Siempre ayer.

 

Que te olvide…

 

Ay, por Dios, recuérdame.

 

Recuérdame que estoy vivo.

 

Recuérdame

 

que sólo los vivos mueren

 

y que yo me moriré,

 

pero antes, amor mío,

 

yo te haré,

 

te haré yo,

 

con olvidos y recuerdos

 

y con recuerdos y olvidos,

 

una torre de Babel,

 

pues no olvides, vida mía,

 

nunca olvides

 

que el olvido y el recuerdo

 

viajan en el mismo tren.

 

JUAN CERVERA SANCHIS

 

México D. F., 12 Junio 2011 EN LA TORRE DEL RELOJ

 

 

MEMBRILLOS

 

Con azúcar

 

y canela

 

en rama

 

se cocían

 

los membrillos,

 

los cocía

 

mi tía,

 

Vicenta Sanchís,

 

y, los membrillos,

 

sabían

 

a dulce

 

dulzura

 

dulce

 

cuando yo

 

me los comía,

 

niño goloso

 

y hambriento,

 

rindiendo culto

 

a la vida.

 

JUAN CERVERA SANCHIS

 

México D. F., 13 Junio 2011

 

 

JARAMAGOS

 

 

 

Los tejados de mi pueblo,

 

cuando era niño yo,

 

se vestían

 

de jaramagos en flor

 

y yo, niño, me creía

 

que se alfombraban de sol.

 

Los tejados de mi pueblo,

 

fascinante ensoñación,

 

se vestían de jaramagos,

 

y era mi pueblo un amor

 

bajo el hondo azul del cielo

 

de Andalucía oliendo a Dios.

 

JUAN CERVERA SANCHIS

 

México D. F., 13 Junio 2011

 

 

TUVIMOS

 

Tuvimos la ilusión,

 

la ilusión, la ilusión de la vida,

 

pero, ¿la vida, lo que se dice la vida?

 

¿Realmente tuvimos alguna vez la vida?

 

¿Tuvimos?

 

Yo ya no estoy seguro de nada.

 

No, no estoy seguro.

 

La duda es lo único que tengo,

 

si es que yo poseo algo.

 

Yo no sé, yo no sé.

 

La verdad, la verdad…

 

¿Pero qué es la verdad?

 

Tuvimos la ilusión de la ilusión.

 

Tuvimos la mentira.

 

Tenemos la mentira,

 

la ignorancia tenemos,

 

¿y eso es todo?

 

En verdad, ¿eso es todo?

 

Yo no sé, realmente yo no sé.

 

No obstante y pese a todo

 

siguen naciendo niños.

 

Nace un niño.

 

Llora un niño.

 

Ríe y ríe y ríe un niño.

 

Un niño, un niño, un niño.

 

La ilusión continúa,

 

la ilusión de la vida,

 

pero, ¿la vida? ¡Ay la vida!

 

Sólo sé que alguien dijo:

 

“Sólo el amor nos salva y enaltece”

 

Sea la vida ese amor,

 

sea esa ilusión la vida. Sea. Sea.

 

JUAN CERVERA SANCHIS

 

México D. F., 19 Junio 2011

 

 

En la Torre del Reloj

 

de mi pueblo

 

anidaban las cigüeñas

 

bajo el cielo.

 

¡Oh aquel cielo azul y único

 

de mi pueblo!

 

Las cigüeñas anidaban

 

en la Torre del Reloj

 

de mi pueblo

 

y los segundos sonámbulos

 

de la Torre del Reloj

 

de mi pueblo

 

se expandían por las calles

 

y las plazas de mi pueblo

 

con el castañetear

 

y los hipnóticos sueños

 

que soñaban las cigüeñas

 

en la Torre del Reloj

 

de mi pueblo.

 

JUAN CERVERA SANCHIS

 

México D. F., 20 Junio 2011

 

 

LOS UNIVERSOS

 

Los universos dormidos

 

despertaban

 

y hacían realidad sus sueños.

 

Yo soñaba.

 

Yo seguía y seguía soñando

 

y mis sueños no alcanzaban

 

la soñada realidad.

 

Yo dormía y dormía y soñaba

 

y seguía y seguía soñando.

 

Yo dormía y no despertaba,

 

que no despertaba yo,

 

que no, que no despertaba.

 

Los universos dormidos

 

despertaban

 

y hacían realidad sus sueños

 

porque amaban,

 

y creían y creían, de verdad,

 

de verdad, ¡de verdad!,

 

en lo que amaban.

 

JUAN CERVERA SANCHIS

 

México D. F., 21 Junio 2011

 

 

MIS 0JOS

 

Que no están hechos mis ojos

 

para ver la realidad.

 

Todo lo que ven mis ojos

 

es un engaño total.

 

Veo y no veo y, cuanto veo,

 

no es real;

 

que es mentira cuanto veo,

 

que cuanto veo es irreal.

 

Mis ojos ven y no ven.

 

Mis ojos nunca verán,

 

que lo que mis ojos ven

 

no es verdad.

 

Que no están hechos mis ojos,

 

que no están

 

estos ojos míos hechos

 

para ver, que no verán,

 

que nunca verán mis ojos,

 

que nunca, nunca jamás,

 

que jamás nunca, mis ojos

 

podrán ver la realidad,

 

que mis ojos y yo somos

 

una sombra fantasmal.

 

JUAN CERVERA SANCHIS

 

México D. F., 24 Junio 2011

 

 

ALGUNA VEZ

 

Alguna vez creímos

 

en las estrellas jóvenes

 

y en los planetas niños,

 

y creímos, sin más, porque creímos,

 

en los árboles locos,

 

en los peces dormidos

 

y en el vuelo irisado

 

de las siempre elegantes mariposas.

 

Creímos, sí, creímos en los lagos

 

y, al creer en los lagos,

 

creímos en los cisnes.

 

En las flores creímos,

 

creímos en las nubes,

 

en el agua creímos,

 

en los rayos del sol

 

y en el canto creímos

 

de los embelesados ruiseñores.

 

Alguna vez creímos

 

en la mar y en los barcos,

 

en los días y en las noches.

 

Creímos alguna vez, porque creímos,

 

que la vida era nuestra,

 

aunque pronto supimos

 

todo cuanto creemos hoy saber,

 

si es que sabemos algo, de esta vida

 

que, porque sí y sin más,

 

diariamente morimos.

 

JUAN CERVERA SANCHIS

 

México D. F.,30 Junio 2011

 

 

 

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