Niños / abuelos de la calle

Eran niños. Pero en la calle se hicieron abuelos. Los hay por todas partes, y ya no solamente de la gran ciudad…

Pero los que permanecen en Artículo 123, casi esquina Balderas, se distinguen por acompañarse de letreros: uno de corte religioso y otro institucional.

El primero, más cercano, apenas en la pared donde se amparan, afirma el amor de Dios, a condición que crean en su palabra. El otro, arriba, en verde esperanzador, asegura que en México todos contamos; no aclara para qué ni cómo…

Sólo falta que lleguen los suspirantes para abanderarlos. Pero da la impresión que a ese toro nadie le hace entrada. Y no es para menos: ese grupo de abuelos de la calle, otrora niños, denota lo raído del “tejido social”. 

Ahí, la falla del hogar, la escuela, los inversionistas que se llenan la boca proclamando sus empleos “generados” y evidentemente mal pagados, las iglesias y el Estado. Ahí fallamos todos.

Como ahora con los niños en casa, ya que permitimos que los males sigan creciendo; dejamos hacer y deshacer a líderes, administradores y representantes que no lo son.

Sí, fallamos a los niños de la calle y a los propios. Porque ningún pequeño debería crecer en la calle y porque todos los infantes pertenecen a todos. ¿O hemos dejado de ser “humanidad”?

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