Enemigo del automovilista

¿Cómo se puede catalogar a un gobierno que hace su soberana voluntad sin que exista posibilidad alguna de defensa del ciudadano, e incluso ni siquiera se le notifica oportunamente la decisión unilateral de sancionarlo? Si eso no es abuso, autoritarismo y principios de algo mucho peor, entonces vivimos en verdad en un régimen equitativo. Pero a mí, realmente, me aterra que gendarmes que así se conducen puedan llegar a la presidencia del país.

En vísperas del infausto pago de tenencia, mi primogénito volvió esta noche con una multa por pagar. Aducen estacionamiento en un lugar prohibido, por un punto por el que efectivamente transitamos, pero en el que no tenemos absolutamente ninguna razón para detenernos, y menos para estacionarnos. Y mucho menos a la hora indicada. Claro, de la supuesta falta ha pasado casi un año.

Por más que tratamos de hacer memoria, no hay motivo alguno de infracción. De más está decir que, aunque me purguen las estúpidas medidas reglamentarias, tipo cinturón de seguridad en tramos donde solamente sirven como sujetadores a favor de la delincuencia (y obviamente como estrategias de sometimiento, tipo alcoholímetro), somos en extremo respetuosos de las leyes -de todas, incluso de aquellas disposiciones por demás arbitrarias, elaboradas o aprobadas por “representantes” totalmente divorciados de los intereses de la ciudadanía.

Lo que sí encontramos es que, dos meses antes, como en el apartado Zona guinda de este mismo blog se puede apreciar, mi hijo y yo participamos en defensa de una automovilista que era arbitrariamente levantada por una grúa, en la colonia Lindavista. Sólo que haya sido en represalia por eso, lo que estaría infinitamente peor.

Sea como fuere, lo que está perfectamente visto es que el señor Ebrard es un enemigo jurado del automovilista, por alguna extraña razón que habría que revisar en lo más intrincado de su sique, o simplemente a favor de los negocios de transporte, estacionamiento y arrastre que ha venido impulsando, quién sabe a favor de quiénes.

Si ese señor, con claro espíritu de gendarme, se colara a la presidencia de México, cosa que sería perfectamente posible con el triste papel del PRD como comparsa del PAN, medio país se vería en aprietos, y ni para donde hacernos… Querría decir que el estado de cosas habría llegado a un nivel insostenible. Y es posible también, para que con un país quebrado termine de rematarlo y el PRI siga su turno en la recuperación definitiva (por otros setenta y tantos) de desgobierno.

¡Ah, destino tan triste de nuestro pueblo, Dios mío! Puro desgraciado que sólo ve la forma de sangrarlo, de una y mil formas. Porque se necesita estar tanto o más alejado de la realidad económica que el señor Cordero para suponer que una familia que posee un cochecito modesto es porque cuenta con dinero de sobra para financiar sus ambiones políticas… 

¿Cuál esperanza, cuál equidad? Con esas izquierdas para qué quieren derechas los oligarcas. ¿Hasta cuándo? ¿Para qué tanta provocación? ¿Para justificar peores abusos y supresiones?

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