Trabajar desde el lado humano

 

Cuando terminaron su segunda carrera, escribí a mis hijos gemelos una carta que no les he entregado y cuyo segmento central comparto aquí con motivo a su cumpleaños 26, que les llega con nuevas responsabilidades en el diario para el que laboran y sus propios afanes emprendedores. El escenario actual es radicalmente distinto; no obstante, perduran principios que siempre podrán aplicarse.

 

A mis hijos periodistas:

Listos para adentrarse en el terreno de la ciencia y la tecnología, uno de ustedes recordó que siempre se les hizo ver la conveniencia, casi obligada necesidad, de servir a los demás.

De ahí que para él, en aquel momento crucial, resultara ocioso profundizar en la técnica: estudiarla por sí misma carecía de sentido; siempre se le vio como herramienta nunca como fín. “Lo importante es el ser humano”, puntualizó.

Y así quedó decidido: seguirían la ruta de la comunicación, reforzada por una carrera de sistemas, que les sería de utilidad por las nuevas tecnologías. Pero lo importante seguiría siendo el servicio: la generación del nuevo hombre.

***

Llegan al periodismo profesional en una hora difícil para el país y el mundo. Cuando las crisis parecen presagiar tiempos de mayor dureza y hasta crudeza, sobre todo porque la humanidad se repliega a los dictados del libre mercado.

En la era en que el mayor de los poderes parece cifrarse en dos rubros (la posesión de información oportuna y el dominio de la informática) sería lógico suponer que ustedes arriban a su tiempo bien equipados. Ojalá así sea. Para ello cursaron carreras dobles y precisamente en ambos rubros.

No obstante, cuídense de cualquier desencanto. Para nadie es un secreto que si bien la información entraña un poder incuestionable, los medios y el manejo de esa información generalmente quedan reservados a los dueños del dinero y a sus operadores políticos, sean del color que fueren.

Así ha sido siempre y seguramente así seguirá siendo. Uno tiene que entenderlo, ajustarse y sin embargo aportar lo propio, en la medida de las circunstancias.

En la más bella, profunda y lacónica lección de periodismo que he recibido en mi -ya no tan corta- vida, precisamente al incursionar por primera vez como editor, el entrañable e ilustre tío Agripino Gutiérrez, del que todos debemos sentirnos orgullosos, sentenció que un periódico será grande:

“…si está basado en ética periodística, estudio constante, selección permanente de hombres y material, capacitación incansable, y desmedida laboriosidad al alcance de las circunstancias”.

Y recomendó: “Hay que saber decir la verdad con todo valor civil, procurando que la verdad dicha, no ofenda, ni injurie, ni disuelva; sino que enseñe, oriente y unifique, y propugne la grandeza de nuestra patria”.

Por lo tanto, independientemente de ejercer para medios profesionales, para la llamada prensa grande, el reto será desatar la imaginación y la iniciativa, de manera que cuenten con sus propios canales de expresión.

Mientras más grandes, profesionales y rentables sean, mejor. Pero si así no fuera, no importa. Siempre cabrá la posibilidad de la comunicación alternativa y, al final y por principio, siempre habrá un libro, un video o un audio por realizar.

Hoy en día existen diversas y casi inagotables formas de combinación que dan como resultado medios alternos. No sólo por las herramientas de conducción sino por los públicos a quienes se dirijan.

En la era multimedia, seguramente contarán con mil formas para ejercer decorosamente, para cumplir los propósitos de servicio. Úsenlas. Nunca se contenten con cumplir, burocráticamente, el papel de empleados. Ofrezcan el plus que sus receptores y la sociedad demandan.

El periodismo -como el magisterio- es un oficio para trascender.

De manera particular, los invito a llenar páginas con genuino periodismo comunitario. Ahí, en su entorno inmediato, siempre habrá algo por rescatar: el legado de urbanistas, la acción social, las propuestas de mejora en los servicios públicos y la riquísima vida de los vecinos de cada lugar.

Con frecuencia un gesto, una vivencia, un ejemplo -de personajes o personalidades del barrio- podrán ser de mayor provecho que la trillada nota de los grandes líderes mundiales.

Siempre hará falta recoger el testimonio directo de gente de carne y hueso, que convive a diario con uno, que comparte y construye cotidianamente el propio hábitat; gente que desde los más humildes servicios hasta las artes más excelsas o las ciencias exactas, ha estado cerca.

Y todavía más: siempre hará falta una crónica de familia, o al menos algún apunte, que ponga de relieve la acción de nuestros mayores; que sepan, y a todos nos quede claro, que cada vida no pasa en balde; que toda huella -gracias al quehacer de un periodista- será imborrable.

Queridos hijos (y al dirigirme a ustedes lo hago con toda su generación de nuevos comunicadores): tienen sobre sí un reto formidable: trabajar desde el lado humano del periodismo.

Que nos les gane la prisa o la rutina; que no los hastíe el trabajo duro, de subsistencia, en el que de por sí se sume la sociedad en su conjunto y que quizá se agudiza en la comunicación.

Sobre todo, escapen en lo posible a las salidas fáciles del vicio o la corrupción. En la profesión que han elegido es frecuente naufragar en el alcohol. Y peor aún: que las familias de cada cual vayan a la deriva. ¿Pretextos? ¡Todos!

Lo peor es adquirir conciencia del cochinero del mundo y la vida, ¡y casi nunca poder hacer algo relevante o significativo para cambiar las cosas! Que no cunda el desánimo.

Siempre será posible que la palabra de un verdadero comunicador toque el alma de un ser humano, que lo eleve y mueva a pensar y actuar en su provecho y en el de su entorno.

Por eso, siempre será necesario mantener vigentes los propios valores y alimentar el apoyo de quienes uno ama, como ocurrió conmigo y la hermosa familia de la que ustedes provienen.

***

Estoy de acuerdo (y orgulloso) de que vayan mucho más lejos de donde yo llegué. De hecho, lo sabemos, ustedes comienzan donde yo terminé. Tienen, por lo tanto, mucho más qué recorrer.

Para abarcar esos campos novedosos, probablemente resulte ocioso un mensaje como éste. Serán experiencias que yo no sospeché siquiera. De seguro, tendrán que echar mano de mayor sapiencia y destreza; desarrollar un mayor sentido del equilibrio.

Piensen -insisto- en el común denominador del hombre y el servicio. Y lo más importante: el espíritu.

Nunca, jamás pierdan de vista que somos entidades compuestas por materia y espíritu; que por encima de todo hay una energía infinita con la que debemos comulgar.

Julio de 2007 / Marzo de 2008.

A publicarse en NOTICIAS / Chiapas, el lunes 27 de septiembre de 2010.

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