Más circo, más temor

 

¿Quién dijo polvo eres, mi héroe? En el país de los spots, otros del guía Aguirre. ¿Y los dueños de la bodega de niños? No podrán ser juzgados dos veces, claro. Para lo que sirve el Renaud, realmente. Vuelta la mula a la policía única. ¿Elegir o nomás avalar? Otro desperdicio de tiempo.

 

   Sin pretender regresar a los resúmenes semanales, cabe retomar algo de “lo que pasó la semana que pasó” porque contiene signos del lamentable estado de cosas que priva en el país en un año que debiera marcar otro parteaguas en el devenir nacional.

   1. Huesitos al sol. O por lo menos al reflector de la televisión. Para nada en especial, acaso para desempolvarlos. Los pasean para que el pueblo pueblo les crea una veneración hueca a la memoria de quienes pretendieron patria para nosotros.

   Patético. Demuestra que no tienen algo mejor que hacer. Que en lugar de honrar la memoria de los próceres, dando vigencia a los postulados que animaron sus sacrificios, herederos y usufructuarios lo reducen todo a necrolatría que raya en prácticas tepiteñas.

   2. La arenga de Aguirre. Igual de vacía, la perorata mediática encargada al técnico de la selección nacional, sigue a pie juntillas los dictados del diseño de un país que se rige por spots. Otra evidencia de la carencia de valores genuinos, esenciales.

   También patético. O algo más. Porque cuando el guía del honor nacional sacó de su ronco pecho exactamente lo opuesto del pundonor que hoy proclama, nadie le dio tantos micrófonos. Al contrario. Al puro estilo rector del país, hubo linchamiento mediático. Y ahora…

   3. Día de luto nacional. Con un decreto, una lana (que nos les cuesta a ellos, ni siquiera a los responsables) y una faramalla de justicia a destiempo, pretenden remediar el caso de la bodega de infantes, en Sonora. Incalificable.

   Hablan ya de 14 funcionarios implicados, de todos los niveles. ¿Y los dueños? Ah, no: ya fueron juzgados. Y como “en este país somos celosos guardianes del imperio de la ley”, pues a nadie se puede juzgar dos veces por el mismo delito.

   De manera que quienes quieren ver que ya no hay intocables, por parientes políticos que sean del presidente, tendrán que esperar para mejor ocasión. Por ahí dentro de otros doscientos años.

   4. El Renaud, para lo que sirve. Podríamos decir que solamente para dos cosas: para mostrar que todo mundo puede saber aquí -lo que sea- de cualquier persona, y que solamente el gobierno es incapaz de dar con los responsables de la criminalidad.

   Pero, viéndolo detenidamente, cumple muy bien con otras dos funciones: demostrar el grado de descomposición generalizada y una contribución sustancial a incrementar el temor cotidiano, la sensación de vigilado y perseguido que tanto reditúa a los verdaderos delincuentes.

   5. Y vuelta la mula al trigo. Dale que dale con la policía única. ¿Por qué el empeño? Evidentemente, para bien y para mal, será más fácil de controlar. Las preguntas son: por quién o quiénes, y para qué.

   Quienes hemos vivido en provincia, insisto, sabemos perfectamente de los desmanes cometidos por gente de fuera de las poblaciones interesadas. Evidentemente, nadie cuidará mejor de su casa que a quien le duele perder o que se dañe lo que hay dentro. Su gente, para empezar.

   Pero hay que armarlo y prepararlo. Sobre todo, con esos valores de cuidar lo suyo, lo entrañable. Con gallardía e incorruptibilidad. Como han pretendido algunas poblaciones ejemplares.

   6. Elegir y avalar. Sin tela de dónde cortar, con un descrédito desproporcionado de partidos que han dejado de serlo para verse pulverizados, a cual menos con algo de cola que pisar, llaman a elecciones. Sólo para legitimar la burda burocracia que confunden con democracia.

   Igual de cínicos que quienes detienen alzas mientras pasan las elecciones a sabiendas que luego seguirán, los estrategas que apresan o renuncian a candidatos para favorecer a este o aquel grupúsculo. Todo apesta.

   7. Doble pérdida. De igual modo que en la mayoría de los casos (pienso, al menos, en mi pueblo) la artificiosa prolongación de período administrativo significó un año más de ineptitud, ahora con el recorte para empatar elecciones se conduce a la inacción. Otro desperdicio.

   ¿Dónde han estado los diputados locales que permiten tantos caprichos? ¿Cuál es su nivel de preparación y madurez? ¿Cuál su idea de compromiso y representatividad?

   Triste manera de justificar lo que cuestan al pueblo. Moviendo cosas de un lado a otro, y luego regresarlas pero ya lesionadas y devaluadas.

   ¡Dios, Dios! ¿Hasta cuándo?

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