Y fue en marzo, Noquis

Cual profeta, Enoch Cancino Casahonda (6 de octubre de 1928- 2 de marzo de 2010), autor del inmenso “Canto a Chiapas”, atinó al mes de su muerte e incluso a la hora: de madrugada. He aquí su poema-deseo-premonición.

Si tengo que morir…

Si tengo que morir,

que sea por marzo.

De noche, de pronto,

y sin un llanto.

Mientras los astros miran los rebaños

y justifican su quehacer amargo.

Y morir saltando la ventana

en busca de lo fresco y de lo claro,

mientras lo cierto duerme entre las sombras

y aún no se anuncia el resplandor del gallo.

ENOCH CANCINO CASAHONDA.

   Hace mes y medio, quise verlo en la ciudad de México pero ya no fue posible. A continuación transcribo un fragmento del registro correspondiente, tomado de mi blog personal: www.bregador.wordpress.com:

   Este lunes 18 crucé toda la ciudad para visitar a Enoch Cancino Casahonda en el Hospital Los Ángeles, del Pedregal. Sólo estaba Gloria, su esposa, y una prima de ella. A él lo habían llevado a dializar.

   Durante el largo trayecto enumeré a Cande anécdotas de mi muy ocasional pero intensa relación con Noquis, como cariñosamente le llama el pueblo.

  • Como todo chiapaneco, oí su nombre por primera vez como autor del célebre “Canto a Chiapas”, que aprendimos en la infancia y eriza la piel de quienes envejecemos fuera de la patria chica.
  • El primero en hablarnos de él fue Antonio Coutiño Bezares, director de la Primaria 20 de Noviembre, cuya hija mayor, Angélica, ganó en los 60 un certamen estatal de declamación con el legendario “Canto”.
  • La razón de la estimación de Cuty por Noquis, según años después me refirió este último, es que el primero dirigió El Estudiante, periódico del ICACH donde empezaron a publicar Sabines, Castellanos y el propio Cancino.
  • A éste lo conocí en Tuxtla, hace 35 años, una tarde que coincidimos en su casa con Perla Shwartz y mi tío Agripino Gutiérrez. Entonces, Perla era mi compañera en la Septién y contactaba a quienes trataron a la Chayo en Chiapas, ya que concursaría en el programa de don Pedro Ferriz con el tema “Vida y obra de Rosario Castellanos”.
  • Cancino, desde entonces, nunca tuvo empacho en reconocer ampliamente la labor de mi tío como su maestro de literatura y promotor de la primera gran generación de poetas -desde El Estudiante, que don Agripino fundó y patrocinó.
  • Por aquel tiempo serví de enlace para que Juan Cervera le hiciera una entrevista para Ovaciones, sin que mantuvieran contacto alguno. Se encontraron años después durante unas jornadas periodísticas a las que convocó Isabel Arvide, en Comitán.
  • Cuando fue secretario general de Gobierno (tiempos de Juan Sabines Gutiérrez), lo entrevisté de nuevo -en calidad de poeta y para la radio. Tuvo la gentileza de recibirme de inmediato y fuera de agenda.
  • Ya exiliado en el DF, luego de su infortunada alcaldía y de la infausta persecución política de que fue objeto, Oscar Wong me llevó a su encuentro para saludarlo. Noquis me regaló y autografió su poemario Tedios y memorias. También me obsequió con cartas de presentación para ex compañeros suyos en el Congreso, a fin de obtener financiamientos que me permitieran salvar una primera hipoteca vencida. Aquella noche, al realizar las gestiones iniciales, me vi precisado a desprenderme del libro. Cuando años después quise reponerlo, me sorprendió al recordar que ya me lo había dado.
  • Alguna vez llegó a un evento cultural en el que coincidiríamos. “Aquí te traigo algo”, me dijo y echó mano a la bolsa de su saco. Era una copia -en cassette- de sus poemas, incluyendo el Canto a Chiapas, en su propia voz. Fue un gran regalo porque me permitió reproducirlo por diferentes señales de radio.
  • Mientras radiqué en Chiapas, de 1997 a 2003, solamente una vez pude saludarlo. Fue durante una noche ruidosa, en plena feria decembrina de mi pueblo, cuando Angel Hernández Meza quiso rendirle homenaje a medio parque central de Tonalá. “Nos veíamos más en México”, me reclamó.
  • Con el mismo comentario me recibió en su casa de El Mirador, en Tuxtla, hace dos años y medio, durante la última vez que he tenido la suerte de saludarlo personalmente. Fue otra ocasión accidentada. Recopilaba entonces versiones audiovisuales para un homenaje a mi tío Agripino. Pero por una lamentable falla técnica no fue posible contar con esos valiosos testimonios.

   De haberlo encontrado hace una semana se habría cumplido aquello de que nos hemos visto más en el DF que en Chiapas, pero no fue posible y es preferible. Me gustaría hallarlo en disposición de hacer realidad su última oferta: “Ven una tarde para que nos echemos un trago”.

   Por lo pronto y de corazón: ¡Salud, doctor!

Joaquín Miguel Gutiérrez Niño

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2 Responses to Y fue en marzo, Noquis

  1. JOAQUIN MARTINEZ ALONSO dice:

    QUE SIEMPRE SE CUMPLAN TUS DESEOS..

  2. Antonio Aguilar Tejada dice:

    Qué lamentable pérdia la de Enoch Cancino Casahonda. Dichosas las personas que lo conocieron, lo trataron, convivieron y combebieron con él. (q.e.p.d).

    Para ti Joaquin, mi reconocimiento por esa labor periodistica tan atinada y oportuna. ¡¡Felicidades!!

    Antonio Aguilar Tejada

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