Grúa 203, “la cumplidora”

Si Ebrard se colara a la grande, ya podemos anticipar lo que nos espera: dentro de su equipo existen esforzados agentes que no dejan escapar el billete, así se trate de ancianos o enfermos. Su alto sentido de la responsabilidad los lleva a trabajar infatigablemente… hasta en domingo. Definitivo: la grúa 203 merece un premio.

 

   Claro, vecinos de la Zona Guinda, en el cuadrante poniente de Insurgentes y Montevideo, y muchos automovilistas, de inmediato comenzaron a reconocer -a voz en cuello- las dotes del agente Jaramillo Alfaro.

   Nosotros lo propondríamos a su jefe para secretario de Hacienda, porque no deja ir la lana por nada del mundo. Aunque los peatones se detuvieran para hacerle ver que su víctima era una anciana, que debía apoyarse de un bastón y estaba acongojada, llorosa y a punto de desplomarse.

   Algún automovilista le preguntó ¿no te bastó lo que acabas de peinar en Misterios y Ricarte? Otros se concretaron a ofrecer su tarjeta para que levantara la infracción, y se le evitaran a la señora más molestias y complicaciones.

   Todo su delito fue detenerse unos minutos sobre Montevideo para descender a comprar su alimento en un expendio de pollos rostizados; estaba sola en su domicilio de Lindavista, una enfermera la acompaña pero evidentemente no le asiste en tareas domésticas.

   No obstante, ese dechado de responsabilidad de la grúa 203 estaba empeñado en llevar el coche al corralón, y -en todo caso- por ningún motivo rebajaría el monto global de “la cuota”. Era la multa, de 300 pesos, más el arrastre de 500. Si no, ¿qué ganarían ellos y el concesionario de la grúa? ¡Quién lo fuera!

   Para evitar que se cubran las multas en el sitio, el habilidoso y cumplidor “servidor público” opera de algún modo su equipo de infracciones. Y debe manipularlo (¿pilas o algo así?), para que -cual generosa concesión- cobre sus 800 del águila. (¿Fondos para precampaña?).

   De paso, habrá que sugerir a Pollos Río que destine un par de cajones para minusválidos y ancianos, para que no sean víctimas de tan dominicales y esforzados funcionarios (y concesionarios).

   Y finalmente, ¿sería mucho pedir a Mondragón nos hiciera saber cómo recompensará -por vía de mientras, rumbo a Hacienda- a su muchacho?

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