Natura pasa factura

 

  • Esta semana el gobierno se anotó un triple tanto: aprobación de Agustín Carstens para el Banco de México, formulación del Decálogo Calderón para la reforma política y golpe “neutralizador” de la Marina -según Segob- al capo Arturo Beltrán Leyva.

  • Con un adecuado manejo de imagen, como parece haber comenzado, estaríamos hablando de un cambio radical en tres frentes claves, simultáneamente: economía, política y seguridad. Dicho de otro modo: acabó lo que parecía una prolongada racha de mala suerte presidencial y remonta el camino rumbo al 2012.
  • Como se observó oportunamente, Calderón era (es) cumplidor con quienes lo llevaron a la presidencia. Y esa carta llamada Carstens será su aportación más significativa, puesto que para bien o para mal representa un legado al futuro inmediato. El co-gobierno en su verdadera expresión.
  • Pero el poder es insaciable y no vendrían mal los puntos del decálogo. Si pudieran permanecer los legisladores aliados de hoy, tanto mejor. Y de ahí, lo demás. Porque si en la paz todo es posible, en la guerra con mayor razón.
  • El combate al narco cobra un trofeo magno: la cabeza de Beltrán Leyva bajo los fusiles de la infantería de Marina. Justo cuando alguien proponía la fusión de las armas, aunque rápidamente se ha dicho que el trabajo del gabinete de seguridad es coordinado.
  • Allende el Bravo también laten los corazones. No ha faltado el vocero de la DEA que hable de resultados conjuntos, de los que aquí nadie ha dicho ni pío.
  • La buena racha presidencial se vislumbra con la acogida que han dado los comentaristas a su decálogo. Para muchos, incluyendo algunos antiguos críticos, las propuestas son poco menos que geniales, indispensables y etcétera.
  • Nadie recuerda propuestas amplias como la reforma del Estado; es más, ni siquiera se invoca lo que pareciera una obsesión de seguimiento de Calderón con respecto a López Obrador, quien no hace mucho divulgó (en realidad sólo dio a conocer) su decálogo.
  • Entrambos documentos la primera gran diferencia es precisamente la aceptación de los medios. Y seguramente cuenta para ello la posición y actitudes de sus promotores. Mientras que López Obrador pretende una revisión a fondo, el Presidente recién ha refrendado la habitual simpatía y favores del gobierno con relación a los intereses de los concesionarios.
  • Lo curioso es que el nuevo manejo de imagen oficial vaya más allá de los medios electrónicos. El viraje también se advierte en prensa.
  • Ocurre ahora un fenómeno a la inversa del padecido por López Obrador, precisamente. Cuando estaba en lo más alto de su popularidad, un simple “chachalaca” espetado al bufón que despachaba en Los Pinos bastó para derribarlo. Pero, con voluntad (la decisión es lo que cuenta), cualquier cosa pudo detonar su destino: caía porque caía. La forma era lo de menos; importaba el momento.
  • Ahora, al revés. Un decálogo, que toma ideas de aquí y allá, a medias, manoseadas según los escasos críticos que prevalecen, insuficientes para las necesidades del país, son motivo más que suficiente para convertir en virtud todo aquello que era defecto. La magia de la imagen; el poder de la “comunicación”.
  • Fuera, el caso Berlusconi. El atentado a su figura (e investidura) con una estatuilla. Lo que se ganan gobernantes desapegados del interés popular, dicen algunos. Lo que producen políticos y comunicadores críticos, responde el presidente de Francia. Y enmedio de todo, los medios. Su poder para magnificar o minimizar. Algo o mucho de eso sabe el propio Berlusconi.
  • Y en Copenhague, el signo más grave del mundo de nuestros días: la irresponsabilidad. La cumbre contra el cambio climático concluye sin mayores acuerdos y, si los hubiera, tampoco servirían de mucho porque ya nadie respeta leyes ni tratados.
  • Dos naciones ocasionan la mitad del deterioro ambiental, sólo asumen compromisos relativos y todo el mundo paga las consecuencias.
  • Nadie puede nada contra la sinrazón imperante. Será la propia naturaleza la que invalide la ambición y ponga parejos a los culpables de la desigualdad. De su justicia nadie escapará.
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