Cervera canta ¡al cerdo!

 

Al repaso de sabores porcinos (del codiciado lechón a los cotidianos chamorros) sigue la añoranza por la pierna o el lomo rellenos, de las ocasiones especiales. Aunque bastaría un apaste de cochito al horno para la cena de Nochebuena… Es el delirante antojo al que da lugar el exótico plato poético con que acaba de obsequiarnos Juan Cervera Sanchís.

   Y es que el escritor andaluz cierra su exitoso año editorial con un poemario insólito, simpático pero profundo: Canto de gratitud al hermano cerdo, recién publicado en la península ibérica por el Club Gourmet del Jamón, S.C.

   Se trata de un libro breve, el equivalente quizá a las exquisitas costillitas fritas, servidas en pequeñas pero sustanciosas porciones. Tan unidas al sabor del hueso y su médula.

   Juan Cervera identifica al cerdo con un monumento a su origen, retrata por igual a los progenitores que al nonato, doliéndose pero entendiendo la razón del temprano sacrificio.

   Se detiene en el asombroso -por prolongado- orgasmo de la envidiable especie; husmea en el alimento que nutre sus carnes y describe fielmente el lastimero paso de la muerte y su trasmutación al ser humano.

   Con la fuerza y musicalidad de su verso, cual experimentado cocinero, guisa las exquisiteces en sus distintas variedades: jamón, chuleta, salchichón, butifarra o rellena; queso de puerco o chicharrón.

   Al autor se le hace agua la boca, lo confiesa; al lector habrá de desatar un apetito voraz. Sobre todo cuando el texto llegue a México, país de residencia del poeta, donde el puerco pasa la prueba del aceite y el cobre para llamarse simple y cariñosamente “carnitas”.

   Pero también le moverá a la reflexión y a la gratitud por una cadena alimenticia en la que muy poco o nada se piensa.

   He ahí la sensibilidad y toque de gracia del poeta, que por lo demás ya se dejaba entrever con sus Sonetos vegetales, que este año vieron la luz con la caligrafía de Fernando Emilio Saavedra y Palma.

   Año fructífero en lo editorial, este 2009 engloba reveladoras manifestaciones del genio y labor de Cervera Sanchís: lo mismo perlas de prosa poética (Las 1001 caras de Jano) que la recopilación de sus principales trabajos de periodismo cultural y diverso.

   En rigor y perspectiva, el Canto de gratitud al hermano cerdo, que evoca e invoca necesariamente al serafín de Asís, resulta oda y elegía a la vez, pero sobre todo el canto esperanzado por un mañana distinto.

   Porque si el insólito poemario sorprende de entrada, su desenlace es todavía menos predecible: a manera de epílogo, el cerdo escribe agradecido una carta al poeta y lo invita a degustarlo para fundir los versos de uno y las carnes del otro en espera de que, en otra vida, se inviertan sus roles…

   Aunque quizá Cervera corra con mejor suerte, “por ser, para entonces, todo el mundo mahometano”.

Joaquín Gutiérrez Niño

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