¿Necesita Tonalá un apellido? ¿De quién?

Es conveniente que se inmortalice de alguna manera el único hecho de armas por la independencia, en Chiapas. Pero que no se exagere agregando el apellido de Matamoros a Tonalá. La gesta de La Chincúa bien pudiera ser el tema de un mural de Disner. También sería positivo publicar los textos de Mireles en torno a la independencia y a la revolución. Cuando sea el tiempo, que Tonalá lleve el nombre de un tonalteco excepcional.

   Tras una vida dedicada a rescatar los vestigios prehispánicos y a descifrar matemáticamente el significado del Calendario Azteca o Piedra del Sol, el doctor Oscar Rueda Escobar, desempolvó dos datos de suyo importantes para nuestra identidad:

1)     Que el 19 de abril de 1813 se llevó a cabo, en las inmediaciones de nuestro pueblo, la célebre Batalla de la Chincúa.

2)     Que el 27 de diciembre de 1870 la Villa de Tonalá fue elevada a la categoría de ciudad, por decreto de Pantaleón Domínguez.

   Dado que se acercaba la celebración del centenario de este hecho, el presidente Francisco Aguilar Cervantes encomendó al propio doctor Rueda que encabezara el Comité de Festejos. De paso, se integró un Comité Juvenil de apoyo, cuya presidencia recayó en mí.

   Rueda, uno de los hombres de ciencia y cultura más sólidos que han visto la luz en Tonalá, quería que como parte de los festejos se añadiera el apellido de Matamoros a la ciudad. Con todo respeto a mi maestro de trigonometría, me opuse. Pero sustenté mi discrepancia.

   Advertí que, con toda la importancia que pudiera tener y de hecho tiene, el episodio no dejaba de ser circunstancial. A nosotros, claro, nos baña de prestigio porque nuestra tierra fue la única de Chiapas que sirvió como escenario a una batalla por la independencia. Pero nada más.

   Hice ver, también, que el máximo honor que podía conceder nuestro pueblo (adoptar un apellido) tendría que reservarse para uno de sus hijos predilectos: aquél que reuniera los mayores méritos, en conjunto.

   Y hasta donde sé, todavía se carece de ellos. Al menos a título oficial. Por descuido, insensibilidad o simple ninguneo, cosas raras entre nosotros.

   Pese a que era yo todavía un muchacho de 15 o 16 años, fui escuchado en las esferas públicas. Claro, eran tiempos de hombres cultos y refinados, de mentes abiertas a las razones…

   En contrapropuesta, recomendé que se diseñara una estatua o se construyera alguna obra magna para poner de relieve la figura del cura Matamoros. Y ahí quedó la sugerencia: latente.

   Sería hasta que el propio Rueda ocupó la alcaldía cuando pudo dar forma a uno de los dos grandes homenajes que tenía en mente: honrar a Matamoros con un parque e inmortalizar en un boulevard, a los costados de la vía del ferrocarril, la fecha en que Tonalá fue elevada a la categoría de ciudad: 27 de diciembre.

   Después que el destacado arqueólogo, cuya labor permitió que en calidad de préstamo se enriqueciera el acervo del Museo de Tapachula (mientras contábamos con el propio), fue el profesor Gilberto Marín Rizo (cuando regresó a vivir a nuestro pueblo, al mediar los años setenta) quien mantuvo el esplendor de la “Batalla de la Chinculla”, sobre todo en valiosos folletos y ensayos monográficos.

   En las últimas décadas, pero todavía sin las facilidades actuales del Internet, la investigadora Sofía Mireles (con mayor rigor documental, el que proporciona la especialidad universitaria) hizo acopio de datos y, en cuanta oportunidad tuvo, los diseminó paulatinamente hasta que en abril de 2003 pudo ver plasmado su trabajo en nuestra primera monografía formal.

   Otros cronistas, como el apreciable maestro Alberto Lamas, han mantenido viva la importancia de la batalla del 19 de abril, tanto en radio como en impresos.

   Por mi parte, durante la conmemoración de 1997, de la independencia, reproduje cada hora, a través de Stéreo Costa, un fragmento en el que Ruíz Ferro hacía alusión al pasaje histórico que vivió nuestro municipio. Era la primera vez que un gobernador hacía semejante reconocimiento en público.

   A últimas fechas, los amigos de Voces ciudadanas, tan preocupados como siempre en asuntos fundamentales de nuestro pueblo y a la luz del bicentenario del comienzo del movimiento de independencia, retoman la gesta del padre Matamoros.

   Desde luego, he visto con mucha simpatía el deseo del grupo de que nuestro terruño sea incorporado al calendario de festejos oficiales. Les asiste en ello toda la razón.

   En lo que discrepo es en algunas formas que me parecen sinceramente excedidas. Como eso de imponer el apellido de Matamoros a Tonalá. Ya existen otros lugares que, acaso con mayor pertinencia, ostentan el nombre del talentoso insurgente.

   Aquí, donde no corre (o no debe correr) ninguna prisa por jugar a la autoestima colectiva, bien puede esperarse a que la historia juzgue sin apasionamientos a qué tonalteco de nacimiento se le concede semejante honor, pero siempre bajo la premisa de que no existe necesidad alguna de añadir ningún apellido al nombre del terruño, pleno de significado.

   Observo asimismo -vía Internet- un catálogo de postales con motivos ajenos a nuestra tierra pero que incorporan propuestas de escudos en los que además se incurre en otra lamentable exageración: llamar heroica a nuestra ciudad, a partir del pasaje mencionado.

   Si bien, como los voceros del grupo han divulgado con todo acierto, la batalla escenificada en Tonalá fue por demás desigual y en condiciones topográficas adversas, habría que considerar que las huestes eran ajenas a la población. Matamoros mismo pernoctó por casi un mes, se nos dice, para mejorar entre los tonaltecos la imagen de la causa.

   En suma, es correcto ponderar esa página de la historia de México, que nos tocó en suerte alojar, pero debe procederse con cautela y rigor; en perspectiva. Que no nos gane un afán exagerado o desvirtuado de reconocimiento.

   Hace poco más de un año, en las páginas de NOTICIAS / Chiapas me permití recomendar que no pasara inadvertida la fecha.

   Decía que, entre otras cosas, podría encomendarse al maestro Rodolfo Disner la elaboración de un mural alusivo, dado que nuestro pueblo no cuenta aún con una obra de esa magnitud.

   Además, está pendiente resarcir a nuestro máximo exponente plástico el que se haya derribado la única expresión pública de arte que teníamos: la fuente con motivos marinos, de su autoría.

   Y ya este año, sugerí que se publiquen los pasajes de la independencia y aún de la secuela revolucionaria que se dieron en Tonalá, debidos a la pluma de Mireles. Qué mejor manera de reunir ambos motivos en una sola obra.

   Por lo demás, para cuando se revise la vida y obra de los prohombres del terruño, quizá el propio Oscar Rueda merezca el máximo honor. Al menos hasta ahora no se ve alguien con mayor estatura intelectual, aunque para evaluarlo hace falta conocer (y entender) sus legados.

   En breve, Joel, mi hijo menor (su turno en el servicio al terruño, puesto que los mayores algo han hecho ya), pondrá en línea un blog que alojará documentos clave de tonaltecos ilustres, entre los cuales, indudablemente, los estudios de Rueda tendrán un sitio preponderante.

   Pero insisto, ni es necesario y mucho menos apremiante apellidar de algún modo a nuestra ciudad. Esperemos que la historia haga su trabajo.

 —

Publicado por NOTICIAS / Chiapas, el jueves 26 de noviembre de 2009.

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Una respuesta a ¿Necesita Tonalá un apellido? ¿De quién?

  1. Gracias por tan inspiradoras letras a favor de mi abuelo y de nuestro terruño. Un abrazo y saludos desde otra cálida ciudad, “Ciudad del Carmen, Campeche” Turulo por siempre y Rueda a gran orgullo

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