Flores pero no por muerta

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Elogios a una dama irrepetible.- De la más pura tradición del grabado a una original muestra plástica, en Cuajimalpa.- A la memoria de quienes se congregaron en torno al pan y de quienes lo elaboraron con esmero.

   Nunca había escuchado tantas flores a una catrina… Y me refiero a una catrina en el contexto que prevalece en nuestros días.

   Antes, efectivamente, las catrinas -si no comunes, que al ser catrinas de verdad jamás podrían serlo tanto- por lo menos resultaban habituales.

   Porque todas las señoras “de la alta” eran, por lo general, emperifolladas: unas verdaderas catrinas, que se abanicaban por las antiguas calles de Plateros y eran dignas de los mayores elogios -aunque no cualquiera podía prodigarlos.

   En fin, el concepto de catrina que perdura hasta nuestros días es aquel que deriva del célebre personaje del grabador Pozadas, dedicado a la muerte, y con el que satirizó a la sociedad de su tiempo.

   De esa manera, hoy en día catrina es sinónimo de muerte; de calavera huesuda, si cabe la redundancia.

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   La catrina que vi elogiar andaba de compras, canasta en brazo. Estaba ante la caja de una panadería, de cuyo típico horno (de ladrillos, para leña) salían panes con olor y sabor a nostalgia.

   Era la ofrenda del Colegio Von Glümer, de Cuajimalpa, en la muestra y concurso delegacional.

   Junto a la representación plástica, un pertinente letrero que ampliaba su concepto: no sólo se trata de una ofrenda a quienes se congregaron a la mesa a compartir el pan y se han marchado…

   También es un tributo a los tahoneros de antaño que con su trabajo dieron calor a una comunidad de bajas temperaturas.

   Excelente. Sobre todo porque creatividad y originalidad (de Alejandra Vivanco Sodi y equipo de colaboradores) no estuvieron reñidas con tradición y autenticidad, precisamente a través del personaje de Pozadas.

    Además, el tema de las panaderías resulta un puente con la nueva tradición porque de ellas emana un producto ya imprescindible para la conmemoración actual del día de difuntos: el pan de muerto.

   Con toda razón, La Catrina del Von Glümer se hizo acreedora a sendos reconocimientos:

   En su versión amplia, en el plantel, se hizo acreedora a fotonota del diario Reforma; y en su reproducción básica, en el centro cultural delegacional, ganó el primer lugar del certamen 2009. Enhorabuena. (JGN).

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