Don Salimoy: pulcritud y disciplina

No hace falta contar con la biografía de Don Salimoy para conocerlo; tampoco haberlo tratado demasiado. Se le sabe buen hombre y se le intuye de carácter; servicial y culto. Devoto y diáfano.

   A punto de sumar siete décadas de existencia, el estudio y divulgación del idioma han ocupado la mayor parte de su vida. Lo ha hecho de distintos modos: libros, folletos, conferencias y asesorías directas.

   Hace poco, apenas el 6 de octubre, cumplió dos años de labor ininterrumpida, diseminando por la Internet una cápsula diaria, gratuita, que por lo general va acompañada de anécdotas, chistes o cadenas que pasan el riguroso filtro de su buen gusto.

   Para los miembros de su grupo, que él descubre cristianos, Don Salimoy hace llegar reflexiones amenas pero profundas. Y es que el lexicólogo se acercó al idioma estudiando latín y teología. Es diácono seglar.

   Sólo lo he visto un par de momentos en la vida, pero han sido suficientes para apreciarlo y respetarlo. Con la deferencia que muy pocas personas merecen.

   Vivíamos la transición del siglo, cuando un amigo en común, José Domingo Zéleny, me llevó a conocerlo, en Oaxaca. Fue un saludo rápido, de pasadita, entre una serie de pláticas para padres que fui a impartir a la ciudad adoptiva de Don Salimoy.

   Luego, el mismo José Domingo auspició la iniciativa de la Federación de Estudiantes Tonaltecos, que presidía Raúl, mi primogénito, para presentar a Don Salimoy en mi terruño, en una charla dirigida especialmente a comunicadores. Toda una experiencia.

   Poco después, con motivo de los quince años de mi hija Julia, tuvo a bien hacerle llegar por correo electrónico uno de sus célebres acrósticos. Excepcional regalo, sin duda.

   Por todo ello, hubiera querido acompañar a Don Salimoy en el homenaje, merecidísimo, que le rinden este 9 de octubre en la Casa de la Cultura de la Antigua Antequera. Era una sorpresa que pretendía darle, pero definitivamente no será posible.

   Mejor que nadie, él sabe que ciertos tipos de servicios no siempre le permiten a uno vivir decorosamente y menos concederse el lujo de trasladarse a demostrar el afecto, por especiales que resulten las ocasiones.

   No hace mucho, Don Salimoy fue retirado de su modesto empleo de corrector para una oficina gubernamental, error que debió repararse de inmediato, ya que su función, que no cualquiera puede darse, y menos realizar personalmente, es modelo a nivel nacional.

   Pero esta es una manera de sumarse al homenaje. Merecidísimo, insisto. Porque: elegir el camino de la enseñanza del idioma para servir a los demás es mostrarles el poco transitado rumbo de la lógica, de la pulcritud y la disciplina… Al menos en estos tiempos insospechados.

   Envío un fuerte abrazo al maestro Fernando Valle Ferado. Con mi familia, hago votos por su salud y bienestar. Deseamos que haya Don Salimoy para rato, en beneficio del sur y de la patria. (JGN).

   En el apartado “Buzón para compartir”, aquí en Signhos, todavía tenemos en línea su testimonio para dejar de fumar. Asimismo, en “Surco sur” acabamos de reproducir su propuesta para sustituir en Oaxaca la anquilosada Epístola de Melchor Ocampo, como lectura oficial del matrimonio civil. Le invitamos a consultarlos.

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2 respuestas a Don Salimoy: pulcritud y disciplina

  1. Ferrnando Valle Ferado dice:

    Querido amigo Joaquín, tienes mucha razón en cuanto a que solamente nos hemos visto dos ocasiones, pero no me hacen falta más veces para poder apreciar a personas a una familia como la tuya…
    Gracias querido amigo por tus hermosas palabras…
    Un cariñoso saludo para todos ustedes…

  2. SOCORRO CRUZ dice:

    Un día tuve una duda sobre una palabra y me pregunté, ¿Cómo puedo saber lo correcto?, recordé en ese instante que en el periódico leí una sección que la ecribía Don Salimoy (nombre pegajoso), y con la tecnología del internet lo busqué y aquí estoy, un año después, con la fortuna de pertenecer al grupo salimoy y recibir cada día una píldora, de este gran señor Don Fernando Valle Ferado, que Dios puso en mi camino.
    Gracias Maestro Fernando
    Su alumna y amiga Socorro Cruz.

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