Acueducto nada, y nada de ayuda

 Obra del Fideicomiso 1928 (tripartita) ocasiona desbordamiento.- Absoluto desinterés inicial de autoridades y medios.- Fue necesario bloquear Periférico Norte para recibir respuestas.- El Sistema de Aguas del DF se compromete a evitar otra inundación.

 

   Domingo, 6 de septiembre. Anochecía cuando comenzaron a caer gruesas gotas de lluvia. Parecían normales frente a la tardanza de la temporada. A medida que pasaba el tiempo, la intensidad oscilaba. A ratos soplaba viento, como el presagio de huracanes.

   Según los reportes radiofónicos, el aguacero caía por diversos puntos de la ciudad. Principalmente en el oriente y el norte del Valle de México. Es decir, como si quisiera cubrir la trayectoria del Gran Canal de Desagüe de la Ciudad de México.

   Luego de varias horas de lluvia intermitente, siempre recurrente, a las 22:30 horas, el antiguo Río de los Remedios se desborda frente a Residencial Acueducto de Guadalupe, inundando de inmediato las casas habitación del importante sector de la Delegación Gustavo A. Madero.

   A los pocos minutos, patrullas de Seguridad Pública del GDF habían bloqueado los accesos al fraccionamiento, impidiendo desgracias adicionales a las que se registraban en los domicilios particulares. Otras recorrían la zona; vigilaban y prestaban ayuda a quienes quedaron varados en plena calle.

   Las llamadas a Protección Civil y a Bomberos no se hicieron esperar, pero nadie respondía. Cuando alguien logró colar alguna demanda de auxilio, respondían que era inútil; toda la ciudad estaba así e incluso había sitios que requerían atención urgente. Eso decían.

   La desesperación fue mayor donde existen ancianos, minusválidos o niños. Ahí fue patético. Muchos enfermos, empeoraron; algunos tuvieron que ser hospitalizados de emergencia. Los autos fueron los primeros en resentir los efectos del percance; luego, cocheras y salas en desnivel.

   Muebles, equipo electrodoméstico y línea blanca, entre lo más afectado. En ciertos casos, hubo cuadros de pintores muy cotizados, esculturas y otros objetos de arte, que también sufrieron severos daños.

   En los departamentos de planta baja de la Unidad Modular, existen a la entrada closets o cuartos de trebejos, debajo de las escaleras. En algunos casos son archiveros y hasta bibliotecas que se anegaron por completo. Pérdidas totales.

   A las dos de la madrugada, el percance alcanzó su clímax e inmediatamente comenzó a descender. Para entonces, algunas residencias eran verdaderas albercas con un metro y hasta más de profundidad.

   La histeria, mezcla de indignación e impotencia, cundió. Desde el primer momento, vecinos enterados atribuyeron el origen y magnitud del percance a la construcción de una rampa que obligó recortar el bordo natural del canal.

   Las fracturas, según vecinos que ejercen como profesionales de obras civiles, se prolongaron por cincuenta metros, lo que convierte al río en una bomba de tiempo ante eventuales aguaceros en el sector.

 

Persiste el desinterés oficial

 

   Desde muy temprano del lunes 7, los propios vecinos se dieron a la tarea de escombrar y asear habitaciones y áreas comunes. Fueron jornadas extenuantes con rostros sombríos.

   Todos querían aprovechar la presencia de volteos y vac-con que, en algunos puntos, comenzaron a lavar. Nadie reparó en que se borraban las evidencias del desastre; todos querían deshacerse cuanto antes de objetos contaminados por las aguas negras.

   Pocos tomaron fotografías y películas a sus pertenencias y menos aún al estado general de sus viviendas. Simplemente, todos eran testigos de todos ante el inmenso daño.

   Aquellas unidades fueron la única ayuda gubernamental recibida; la apatía de autoridades y medios era por demás evidente. Los reflectores fueron captados exclusivamente por Valle Dorado y Atizapán.

   La entrada y salida de grúas era permanente, ya sin presencia de ajustadores. En algunos casos la pérdida total era evidente. Algunas familias perdieron dos o tres coches.

   Al día siguiente, el martes 8 de septiembre, repuestos un poco del susto y el coraje, y hasta del tremendo cansancio, comenzó el intercambio de impresiones, el malestar por el notorio desinterés de la autoridad. Nadie se presentó a ver qué se ofrecía.

   Surgió la idea de organizarse y reclamar; empezaron las reuniones y las propuestas; también las comisiones. En lo primero que se pensó fue en pedir la ayuda de los medios, pero siempre se vieron reacios. Sólo Excélsior y Canal 28, acudieron en principio al llamado.

   Para el jueves 10, tras insistentes reclamos electrónicos de un afectado, por fin aparecieron algunos funcionarios menores, que -según ellos- harían acopio de información. Eso, al mediodía.

   Al anochecer, la asamblea decidió bloquear al día siguiente, desde temprano, el transitado y de por sí caótico crucero de Prolongación Periférico Norte y el Camino a Cuautepec.

   El propósito sería, desde luego, atraer la atención de los medios y presionar a las autoridades para atender de inmediato los reclamos.

 

Las prioridades y los compromisos

 

   Frente a la magnitud de los daños, que oscilan entre los 50 mil y los 500 mil pesos por cada hogar, la población cobró conciencia del peligro latente de una nueva inundación y del estado resentido en el bordo del canal.

   Las principales demandas se cifraron, por lo mismo, en la urgente mitigación del riesgo y en la solución definitiva del problema, pasando a segundo término la reparación de daños materiales, para lo cual se estaría dispuesto a seguir los juicios necesarios, sin descuidar la atención sanitaria.

   Con esos claros propósitos, comenzó el bloqueo a las 8:30 del viernes 11 de septiembre. Primero se cerró la circulación de poniente a oriente del periférico y poco a poco, a medida que pasaba el tiempo y no había respuesta, se fueron bloqueando los otros puntos.

   Pasado el mediodía aparecieron los funcionarios: un subsecretario de Gobierno, el secretario de Protección Civil, un director general del Sistema de Aguas, el delegado en Gustavo A. Madero y el director territorial.

   De nuevo los rodeos, la demagogia, “los informes” de lo que todo mundo sabe. Hasta que se percataron del nivel de la concurrencia y de los afectados. Fueron entonces al terreno de los hechos y después a la mesa de los compromisos.

   Los tres puntos medulares del reclamo dieron lugar al desglose en ocho puntos, que serían atacados de inmediato y al día siguiente. El compromiso inicial corrió a cargo del representante del sistema de aguas: vigilar con técnicos que se impida otro desbordamiento.

   Y esa misma tarde, acudió la fiscal encargada en Gustavo A. Madero para entregar formatos para el reclamo de indemnizaciones. Al día siguiente, brigadas de sanidad recorrerían las quince calles afectadas en el fraccionamiento.

   La protesta vecinal fue genuina, autogestiva, aunque encausada por una comisión legal, a cargo del joven abogado Adrián Gómez, y una comisión técnica al frente de la cual estuvo el ingeniero Norberto Villafaña. Ambos contaron con el respaldo de otros especialistas.

   Los residentes fueron convocados para una nueva reunión, el próximo jueves 17, a fin de evaluar el apoyo y proceder en consecuencia. (JGN).

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