Ejes de la transformación

Claves fundamentales para la reflexión individual y colectiva

orientadas a establecer compromisos y acciones inaplazables.

 

  • La población del mundo contemporáneo denota una marcada y acelerada descomposición y decadencia, prácticamente en todos los órdenes.
  • Hoy el hombre no sólo se erige como enemigo de todos los seres vivos y del planeta en su conjunto, sino especialmente de sí mismo.
  • Sólo por lucrar, extermina bosques y contamina; por unas cuantas monedas, es capaz de vender o consumir verdadera porquería.
  • Oprimido por dos polos aniquilantes, el hombre se pierde entre un afán desmedido por acaparar y una lucha sorda por sobrevivir.
  • Vivimos sometidos por diversos medios y distractores; los instrumentos que tendrían que liberarnos, por ahora únicamente nos sujetan.
  • No hay escuela, periódico, partido o iglesia que rescate la dignidad que nos es sustraída; jugamos muy bien a la simulación convenenciera.
  • Conformamos una masa ingobernable pero inducida, manipulable; que responde puntual y exclusivamente a intereses políticos y económicos.
  • Falta autoafirmarnos como individuos y miembros de un clan. Paradójicamente, al hacernos individualistas perdimos individualidad.
  • A punto de conseguir -como especie- un mayor rendimiento cerebral, la infinita mayoría retrocede hasta el borde de lo irracional.
  • Individualmente o en grupo damos un paso, pero -en el plano opuesto, que tendría que ser complementario- retrocedemos dos.
  • Aún con casi todo en contra, o por lo mismo, el tiempo parece propicio para renacer. Todas las culturas inauguran tiempos y eras.
  • Suena la hora de la transformación. Es el momento de impulsar la generación del nuevo hombre.
  • Construyamos, desde el principio, un nuevo tipo de ser humano. Empecemos otra vez. El problema: con quiénes y por dónde comenzar.
  • Para renovar la humanidad lo obvio es empezar con niños y jóvenes, eterna esperanza ante el fracaso de las generaciones precedentes.
  • El nuevo hombre tiene que darse, necesariamente, en dos planos: entre la niñez y juventud, pero a partir de la guía ejemplar de los adultos.
  • Forjar a la juventud demanda la existencia no sólo de maestros responsables -y aptos- sino de padres bien preparados: dispuestos y capaces.
  • Toca a padres y maestros, y a todos los seres conscientes y responsables, prender la mecha de la renovación.
  • A los padres obliga la formación integral de sus hijos; pero, por haber sido preparados y recibir una paga para ello, los maestros deben contribuir.
  • La educación debe tener por eje al hogar, pero es responsabilidad de la supraestructura social garantizar que se cumpla correctamente.
  • Nunca podrá darse una educación de calidad sin las condiciones básicas, que escapan a las mejores intenciones particulares. Es un hecho capital.
  • Las condiciones básicas para la educación y el desarrollo son un estado y sociedad justos e infraestructura óptima. Si no existen, se carece de todo.
  • Es inútil exigir trabajo y honradez en un mundo en el que predomina el desempleo y en el que cada día se acentúa la desigualdad económica.
  • Emprender acciones firmes, honestas y eficaces para impulsar la evolución tendría que ser una obligación de los líderes del mundo y de las naciones.
  • Los individuos más conscientes y mejor preparados de cada grupo social tienen el deber moral de advertir necesidades y tomar iniciativas.
  • La magna tarea educativa tiene que darse desde todos los frentes: hogar y escuela, empresa y sindicato, iglesia y estado, y medios de comunicación.
  • Para que los hogares cumplan eficazmente su tarea formativa deben fundarse  con matrimonios bien avenidos.
  • Para integrar matrimonios fuertes y familias armónicas faltan individuos maduros y plenos, que sean producto de una sociedad justa y equitativa.
  • He ahí el reto colectivo: construir conjuntamente una sociedad justa, equitativa, que genere individuos maduros, personas de verdad.
  • Si concluimos que es preciso renovar a la humanidad es porque las cosas no nos están saliendo como debieran.
  • La degradación es evidente: niños y jóvenes parecen condenados a una vida cada vez menos digna. Hay que detener y revertir el fenómeno.
  • Dado que las consecuencias de la involución pueden muy pronto ser fatales e irreversibles, debe actuarse de manera decidida e inmediata.
  • Fallamos en el engranaje social, mas no podremos detenernos a dar mantenimiento a la maquinaria. Habrá que hacerlo en marcha. ¡En marcha!
  • Tenemos que trabajar, simultáneamente, en todos los frentes: autoformarnos como padres y como individuos, y fortalecer las instituciones.
  • En tanto no existan verdaderas alternativas y puesto que somos producto de las estructuras que creamos, estamos obligados a perfeccionarlas.
  • Hagamos que matrimonio, familia y sociedad funcionen; reforcemos al estado y la iglesia; rescatemos a la escuela y a los medios de difusión.
  • Todo intento de transformación social tiene que cuidar dos factores fundamentales: educación y comunicación.
  • Si deseamos cambios favorables, los padres tenemos que prepararnos para intervenir eficazmente frente a los factores de transformación.
  • Ante la educación formal se requieren padres participativos; para interactuar con los medios urgen receptores críticos.
  • El nuevo hombre tiene que ser formado con plena conciencia y compromiso de ser persona e individuo, pero igualmente miembro de una comunidad.
  • Para que sea legítimo y genuino, el bienestar individual debe sustentarse en el colectivo. Con el egoísmo se desata el desequilibrio y la inequidad.
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