Del cronista a la ciudad

A estas alturas del siglo 21 (Don Salimoy me dirá que siglo se escribe con inicial mayúscula y el número en romanos, pero yo pretextaré la necesidad periodística de simplificar todo), ¡todavía no contamos -en Tonalá- con un cronista de la ciudad!

   Criticones y simplistas, mis pares, alegarán que no es posible porque, para empezar, debemos tener la ciudad. Pero, bueno… Hagamos de cuenta que aquella, que a partir de 1870 tuvimos y un siglo después quisimos recobrar, todavía no se rezaga y pervive.

   Sería conveniente entonces, y como recomendaron durante el encuentro nacional de cronistas, recién celebrado en la tierra de Pepe de la Peña y de Madero XXXXX (Parras de la Fuente, Coahuila), que cada lugar cuente con los cronistas que sea posible, pero al menos uno con carácter oficial.

   Esto es, que reciba una paga, legítima y decorosa, para dedicarse a cumplir -en serio, profesionalmente- con una tarea nada fácil y, mucho menos, insignificante. Al contrario.

   Pero, desafortunadamente, para la autoridad local la cultura no ha sido prioritaria y menos en la era azul. A lo peor prefieren la inexistencia de registros, con tal de no pasar a la historia con todos sus errores y vacíos.

   Total, de los tres cronistas que hay en el pueblo, ninguno cuenta con el reconocimiento y pago correspondientes. Ni siquiera (Filo) Sofía Mireles, quien acudió al mencionado encuentro y ya dio a Tonalá una primera monografía en forma.

   Mireles, como la llama otro de los cronistas, el maestro Beto Lamas, cuenta con interesantes pasajes locales en torno de la independencia y revolución mexicanas, que deberán quedar impresos con motivo al bicentenario y centenario de esos movimientos, pero…

   Ni contó con la solvencia para llevar a cabo esa labor, ni se ve de dónde pudieran salir los recursos para editar la obra. Municipios hay en que existen importantes partidas para la edición de libros, pero lamentablemente no es nuestro caso.

   En Tonalá, insisto, ni siquiera asignan un salario decoroso al o la cronista, que debería equivaler, al menos, al de un regidor. Aunque éste juega o debe jugar el rol de representante, en la práctica sólo cumple funciones burocráticas de escasa o nula trascendencia.

   La tarea intelectual, en cambio, es sustancial; duradera. Ya es tiempo de entenderla y valorarla. Si empezamos por el cronista, a lo mejor alcanzamos la ciudad que necesitamos.

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One Response to Del cronista a la ciudad

  1. jose ma dice:

    muy buen comentario ciertamente dicho creo que esa enfermedad mental de nuestros gobernantes no es única la manifestación de ese contagio entre políticos de poca monta y lamentablemente aparece en muchos lugares a lo largo de nuestra geografía y de nuestra historia decía Ortega y Gasset refiriéndose a la juventud que lamentablemente era una enfermedad que se curaba con el tiempo y en el caso de nuestros políticos como los del ejemplo (que no todos afortunadamente existes algunas muy escasas excepciones) definitivamente aun no existe cura existe la prevención de la selectividad pero como las mulas de carga hasta que tienen la carga encima sabemos si sirve o no pero lo lamentable la mayor de las veces la carga se daña o se lastima y ese precisamente es el daño que esos malos funcionarios hacen con la sociedad. Atte lic jose ma Salazar lopez de lara

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