Más confrontación, ¿para qué?

 

Todo empeora. Si antes se hablaba de guerra pero no había un objetivo preciso, al parecer ya cobra rostro. Continúa el crecimiento exponencial de ricos y pobres, cada quien en su propia dirección, sólo que ya es reconocido en la estadística oficial. De remate, la influenza; luego del simulacro, ahora  podría venir en serio. Lo peor: ni Canadá ni la luna son ya una solución.

        

  • Del fin de semana anterior al comienzo de la que ha concluido ahora, se desató el demonio en la llamada guerra antinarco. En menos de cien horas hubo más de 20 atentados con un saldo de 16 elementos sacrificados. Mientras un supuesto portavoz de los cárteles pedía respeto para sus familias y proponía pactar, la respuesta federal ha sido la militarización de Michoacán. El gobernador, a cuyo hermano -ya electo diputado federal por el PRD- se le vincula con el narco, protesta y habla de una virtual ocupación.
  • El caso de la guardería de Hermosillo, exasperante. La Corte juzga que la justicia puede esperar. Tan sólo para examinar si investiga posibles violaciones a las garantías individuales, ha de transcurrir sin interferencias el sagrado asueto de los agotados señorones del máximo tribunal. Para paliar el desconsuelo e impotencia de los padres de niños fallecidos, el IMSS sólo atina a ordenar el cese de la coordinadora de guarderías y del jefe de ésta.
  • Para descansar (y comentar) el fin de semana, una verdadera novedad: los pobres son más pobres, pero, ¿qué cree?, los ricos… más ricos, obvio. El INEGI habla de una caída mensual de sólo 1.6 % para el grueso de la población; en cambio, los ricos son 20 veces y pico más afortunados. En tanto, Juan Pueblo intuye (y siente) algo ajeno a las cifras: si el INEGI reconoce eso, ¿cómo andaremos en verdad? Pero no hay que reflexionarlo demasiado, ¿de cuánto dispone usted hoy?
  • Por si nos faltaran males, la influenza, gripa estacional o como le quieran llamar, causa estragos en el sureste. En Chiapas, desde luego, no damos el brazo a torcer: ya se decretó que no había y no tiene por qué haber. En todo caso, el gobierno local se pregunta: ¿qué pasa con el secretario? El problema es escupir al cielo; se esparcen más los virus. Figurado o real, el coco o chupamoco quedaba ahí: latente, para cuando hiciera falta. Y eso lo sabíamos perfectamente, ¿o no? ¿Y si viene?
  • Salvo el PRI que sigue viéndose al espejo y cantándose cuán bello es, los partidos no encuentran cómo resanar sus fisuras y mucho menos cómo responder a la sociedad. Pero, en cambio, envían señales muy claras a los de más arriba: hay que ser inconmovibles, duros como la roca. Todo, menos renunciar ante la incapacidad, por evidente o demandada que sea.
  • El México mágico aflora de pronto para dar una salida insólita: los asesinos del joven Martí serían otros, no los de La Flor. De modo semejante podrían solucionar, sin mayor problema, el caso Cassez; que la señora se vaya a París y su presidente no se aflija más. Para eso nos pintamos solos y el mundo aprende pronto la alquimia nacional.
  • Con Canadá, en cambio, acaso la única opción civilizada para buscar refugio en Norteamérica, el acceso se nos cierra de pronto y la relación bilateral se nubla. A lo largo de la semana, compatriotas nuestros prácticamente han tenido que mendigar una visa. Indigno e indignante, en verdad. Pero la culpa, claro, es de la economía mundial. Es tan natural que los habitantes de un país tengan que salir a buscar comida en otra parte. Ninguna responsabilidad tienen quienes, de la revolución a la contra, no han sabido potenciar ni administrar nuestros recursos.
  • La luna, de cuya supuesta visita humana hace ya cuatro décadas, deja de ser un último recurso para escapar y alojarse. Por lo visto, todo fue una comedia montada por un cinedirector genial, Stanley Kubrick, y un actor maletón, Richard Nixon, que hizo el papel de presidente gringo, en el que tampoco mereció ningún Oscar. Ni para donde hacerse.

 

Más allá de la falta de expectativas reales para salir del atolladero, lo peor es la creciente confrontación en diversos sentidos. ¿Qué pretenden? ¿Conducirnos al narcoterrorismo y la ingobernabilidad? ¿Que haya un sometimiento autoritario? ¿Desde dentro o del exterior? ¿Es nuestro destino fatal? ¿Nadie puede hacer algo al respecto? Lástima que sólo existan dudas.

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